“Amaia Montero incendia Twitter con un comentario desafortunado.”


Hoy la noticia más leída en el diario ABC es: “Amaia Montero incendia Twitter con un comentario desafortunado.”

No nos quedemos con las ganas y descubramos qué ha dicho la pirómana internauta: “A veces cuando las mujeres dicen “no”, solo quieren ver de lo que serías capaz de hacer por ellas.”

Pocas cosas más desafortunadas hay que las frases (tweets) con los que Amaia nos fustiga cada día, no tiene bastante con el pasteleo musical que esparce por las ondas desde las radiofórmulas, ahora también nos empacha diciendo chorradas.

Ni un quiceañero en pleno despertar hormonal sería capaz de ingeniar ocurrencias más empalagosas que las que ella publica sin ningún miramiento por sus lectores. Ahora, además de cursi, lanza un tópico digno de ser catalogado de machada.

Esta chica no tiene fin: por su música y su verborrea, una pava, seguro. Alberguemos la esperanza de que se cierre el Twitter y se abra un Facebook.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Amaia Montero incendia Twitter con un comentario desafortunado.”

  1. José Luis dijo:

    Resulta humano, e inevitable, el tratar de que nuestros deseos sean realidad; pero no siempre tendremos tanta suerte 🙂
    No sé si la “pava” en cuestión cerrara su twitter y pasará engrosar ese rebaño que en facebook ha encontrado su medio ideal, ese ambiente de totum revolotum en que puede uno encontrar desde el jefe del titular a la prima de Almendralejo, y desde fotos de las últimas vacaciones del sujeto, amigos y familiares, hasta la detallada crónica -reportaje fotográfico incluido- de los delirios y de los últimos excesos etílicos del dicharachero y comunicativo protagonista.
    A ver si cierra y se terminan sus tweets, ese es el deseo enunciado pero, como apuntaba, no sé si caerá la breva.
    No fiando en ello queda, en definitiva, la solución de siempre: tratar de guardarnos en lo posible por la vía de no darle cancha ni secundar involuntariamente sus tonterías tuiteadas, el no actuar dando pábulo a lo que no es de recibo aunque sea por la vía de la discusión y la indignación. En estos casos, no hace falta decirlo, el silencio es mucho más efectivo.
    Abrir en facebook, twitter o donde se prefiera es una opción personal, pero que por ello tenga que ser seguida o que nadie esté obligado a tomarse en serio cuanto cuelga en plan estandarte en el muro el neófito tecnológico-comunicativo es algo muy distinto.
    Un imbécil es un imbécil, aunque se presente vestido de pasamanería y empapelado con todos los masters habidos y por haber; y un cabrón sigue siendo un elemento a evitar aún fotografiado con piel de cordero y besando niños en Djibuti.
    Siguiendo el razonamiento, una petarda sin otro criterio que lo que ha oído por ahí y los tópicos al uso, lo será aunque tenga cuenta abierta en twitter.
    Por tanto, según creo, sólo nos queda aquello de que no siguiendo a ésta, no teniendo demasiada relación con el otro e ignorando los desvaríos y ocurrencias del primero estaremos haciendo lo más útil y práctico.
    A veces se hace particularmente grato y efectivo lo que la sabiduría popular hace tiempo que tiene probado, concretamente lo de: “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.

  2. Ramón dijo:

    No hay regla sin excepción y al mejor sastre se le escapa una puntada.
    Cierto es que en twitter podría decirse que “hay nivel” y la norma es que la gente comparte contenidos o ideas de calidad resumiendo en los ya famosos 140 caracteres sus opiniones y posturas, lo que exige de entrada una capacidad de razonar y resumir destacables.
    Pero también es cierto que ni twitter se libra a veces de los papanatismos más agudos ni las calenturas mentales más pueriles.
    Uno, en esas ocasiones, sonríe y piensa en lo bonito que es estar enamorado – o encoñado, si se prefiere- hasta las cejas o en lo positivo que puede resultar el saber conservar esa “virginidad ilusa” que te mantiene en la convicción de que todo el monte es orégano, que todo tiene solución y es lo que parece y que hace que tu entusiasmo no decaiga.
    Estos planteamientos te llevan a pensar que la naturaleza humana puede ser maravillosa. Pero no siempre es así, no siempre se trata de esto.
    No es demasiado corriente (felizmente), pero de vez en cuando uno tropieza con verdaderos ejemplos de opiniones indocumentadas vertidas desde la supuesta autoridad que parece conferir el elevado número de seguidores mantenidas contra viento y marea ancladas en la estupidez más absoluta o con algunos ejemplos descarados de un baboso flirteo virtual (e interesado muchas veces) que sacaría los colores a un recién nacido.
    Es entonces cuando aparece eso que se ha dado en llamar vergüenza ajena.

    Twitter es genial, pero la libertad de opinión en que se basa descarta absolutamente cualquier filtro anti-estupideces o el empleo de vacunas contra los comentarios fuera.

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