“Sofía Vergara de rompe y rasga en los Emmy.”


El primer ministro portugués ha escuchado la protesta callejera ante la anunciada subida del 7% de la cotización de todos los trabajadores lusos y ha dado marcha atrás.

La primera condición para escuchar a una sociedad es que se haga oír, o sea, que diga algo. Además el mensaje claro y unívoco solo puede ser pronunciado en la calle porque es ahí donde cabe tanto malestar colectivo. Últimamente la calle también está en la red.

Mientras tanto en este país, el nuestro, la noticia más leída en El Mundo es: “Sofía Vergara de rompe y rasga en los Emmy.”

Cuando una sociedad se permite ser ninguneada, como si con ella no fuera la cosa, sienta las bases para un despropósito político que, tarde o temprano devendrá despropósito social. Miremos hacia otro lado: el escote de la Vergara parece un buen objetivo.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Sofía Vergara de rompe y rasga en los Emmy.”

  1. José Luis dijo:

    La confianza depositada por todos y recibida por unos pocos tiene sentido en democracia cuando esos pocos, refrendados por la mayoría y sujetos de una especie de mandato de gestión, colocados de esta forma por encima de los demás e investidos del poder que nace de la delegación de parcelas de libertad que se les confían, saben ver lo que a todos conviene y leer en el viento las señales que anuncian el futuro haciéndolo cierto y posible para todos .
    Pero cuando los elegidos y comisionados por la mayoría se elevan hasta endiosarse y lo hacen de manera que las nubes les impiden la visión de quienes siguen en la tierra y el silencio de la cumbre absorbe y anula las voces que tratan de alcanzarles, simplemente han de bajar o elegir ser ya otra cosa.
    Viven aislados, en las alturas, convertidos en seres que habitan un mundo de ficción en que todo acaece según sus designios y en el que la realidad no es algo diferente a su limitada visión y sus deseos.
    Yerran, pero ni lo perciben ni lo admiten.

    Es triste reconocerlo, pero apoyándose en el encargo recibido al ganar unos comicios, aquel casposo y rechazable: “por la gracia de Dios”, traducido ahora en: “no tengo que rendir cuentas a nadie por gracia de las urnas”, parece seguir más vigente que nunca.
    Los apóstoles y propagandistas de la concepción liberal que carga el acento sobre el carácter no vinculante con los electores de la representación electa, suelen olvidar a menudo que, en ese mismo credo, se recoge de manera inequívoca el derecho de todo ciudadano a luchar, hasta las últimas consecuencias, contra el mal gobierno que provoca la injusticia, la opresión y la tiranía.

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