“JP Morgan señala a BMN (Mare Nostrum) y Popular como las decepciones de los test de estrés.”


“Si no guardas tu vaca en el establo alguien la ordeñará por ti”. No es un proverbio de Confucio, me lo espeta un empresario explicándome por qué prefiere no mostrar determinados productos de su catálogo en la página web corporativa.

Cierto: si tu vaca anda suelta por el prado alguien puede robar tu leche, aunque es improbable que te quiten la vaca. Quizás merezca la pena asumir ese riesgo y, llegado el caso, promocionar las bondades de tu leche demostrando que hasta la competencia la prefiere. Cuestión de rentabilizar el mal trago sin vivir a la defensiva.

La noticia más leída hoy  en El Confidencial es: “JP Morgan señala a BMN (Mare Nostrum) y Popular como las decepciones de los test de estrés.”

El auténtico problema es cuando la vaca no da para más y debe de ser enviada a pastar a campos ajenos. Es entonces cuando, paradojas de la vida, nos quedaremos sin vaca y sin leche, aunque la vaca siga siendo nuestra, con todas las obligaciones que ello implica.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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7 respuestas a “JP Morgan señala a BMN (Mare Nostrum) y Popular como las decepciones de los test de estrés.”

  1. Ramón dijo:

    J.P. Morgan y otros gurús; ¿por qué será que me viene a la mente aquello de “un zorro para custodiar las gallinas”?
    Seguramente incongruencias mías, nada más, que no hay pero que poner a tan serias entidades y tan objetivos análisis. Es que soy un heterodoxo y tengo que hacérmelo mirar 🙂

  2. Nico García dijo:

    Incongruencias:
    – El uso (abuso) de información privilegiada es éticamente reprobable y legalmente punible; sin embargo esta manera de “crear condiciones situacionales” para aprovecharlas en favor propio y de unos cuantos amigos, no. Yendo más lejos no se trata ya de saber y utilizar lo que se sabe de manera poco honesta, sino de definir y condicionar los parámetros de la realidad preparándose el terreno para actuar.
    – El crédito, la banca, son instrumento, medios para alcanzar un fin… pero parecen haber alcanzado la categoría de sujetos prioritarios en sí mismos. Los rescates, hoy por hoy, se diseñan y definen a y para la banca, aunque tengamos que correr todos con el coste de la factura.
    – Toda superestructura que responde a la voluntad del hombre está destinada a servirle, pero parece que ahora ha cobrado vida propia y es el hombre el obligado a servirla, y hacerlo hasta la última gota de su sangre. La precarización y la miseria se legitiman en aras del mantenimiento de un orden que, lejos de facilitar y servir a la persona y a la sociedad, se ha tornado en parásito insaciable y mortífero.
    – La política se ha venido definiendo como “el arte de lo posible”, pero parece olvidarse que lo posible tan sólo requiere buena gestión, y que lo que de verdad define el espíritu de servicio que debe acompañar a la acción política es, muchas veces, el hacer real y en positivo lo que se calificaba de imposible. Ésto y no otra cosa es el progreso: romper barreras, superar límites, dejar que la iniciativa y la creatividad obren, día a día, pequeños milagros que nos abran el futuro.

    Cuando la incongruencia adquiere carta de naturaleza y parece reinar en los hechos, cuando las funciones se desvirtúan prostituyéndolas a un marco que otros intencionalmente definen, cuando quienes debieran planear lo necesario tan sólo gestionan lo urgente; algo se ha perdido y ese algo es la cordura.

  3. Manuel Lasierra dijo:

    Ummm… esto me recuerda, y no puedo evitarlo, aquellas tertulias de la rebotica en que las “fuerzas vivas” pasaban revista a la actualidad y, como si tal cosa, tomaban decisiones que, desde luego, todo quisque en la localidad tendría que admitir.
    Eran algo así como una asamblea de notables que, constituyéndose en juez y parte, daban o quitaban, abrían o cerraban el horizonte por la vía de la aquiescencia o la cerrada oposición.
    Caciquismo, se llama esta práctica, y ha sido justamente denostada.
    Pero aunque nos suene a escenario de novela costumbrista del XIX, no crean que han cambiado tanto las cosas, que ahora también en algunas reuniones de amigos o colegas, llámense “tea party” o como se quiera, ese espíritu de darlo todo atado y decidido, de imponer las lentejas sí o sí, y por… melones 🙂 sigue vigente.
    Desde luego ahora los dictados inapelables proceden no ya de la rebotica de la farmacia, sino de acristalados áticos que cobijan despachos de altísima dirección, o de reuniones informales y exclusivísimas de fin de semana. Pero en esencia, el espíritu y el resultado son bastante parecidos.
    En estas sesiones de fuerzas vivas globales del siglo XXI no hay actas, ni protocolos firmados; pero sí acuerdos “entre caballeros e iguales” que vía colusión son, para muchos -demasiados- auténticas sentencias; y dictadas con carácter inapelable, sin notificación, escrito de imputación, trámite de audiencia ni defensa posible de los encausados.

    Las agencias de calificación han adquirido un protagonismo destacado y no es sencillo encontrar quien no haya oído hablar de ellas; pero, ¿sabemos cómo funcionan?, ¿somos conscientes del poder que tienen sin que nadie lo controle?.
    Dicho de otro modo, ¿quién califica a las agencias de calificación?, ¿qué salvaguardas existen para que no actúen en beneficio de una élite económica y predatoria de la que ellas mismas forman parte?
    No parece lógico que, entidades “privadas” y con una independencia como poco discutible, hagan bailar a países y economías nacionales a base de datos que, convenientemente cocinados, más que evaluar conforman y mediatizan el marco económico, hacen y deshacen, dan tregua o ponen en jaque.
    Si tradicionalmente se ha concebido la separación de poderes como un sistema de equilibrios y contrapesos para evitar abusos y arbitrariedades, ¿no debiera con mayor razón buscarse un medio de control para quienes, desde su condición de particulares -y muchas veces interesados- poseen semejantes resortes de poder?
    Antes las llamadas “Repúblicas bananeras” estaban al albur de las decisiones de grandes corporaciones como la United Fruit Company, y los acuerdos y dictados del Consejo de Administración de éstas pesaban más y llegaban más lejos que las decisiones y leyes de sus gobiernos.
    Pues bien, no nos engañemos: ahora, en este momento, entre la soberanía cedida a entidades supranacionales, el peso e influencia de los grandes grupos económicos y este baile a la música que algunas agencias quieren tocar, tengo la sospecha de que los plátanos en este país no sólo se producen ya en Canarias, y de que no todosnecesariamente se pelan, ni son amarillos… ni tan saludables 🙂
    República o Monarquía bananera somos, y es suficiente con abrir la prensa o mirar los informativos para comprenderlo… incluso teniendo que leer entre líneas o yendo más allá de lo que el busto parlante de turno nos espeta dorándonos en lo posible la píldora mientras cenamos.

    La tercera fortuna del mundo: todo un dato; y no es de extrañar, porque tienen la sarten por el mango y, consecuentemente, nos están friendo a su gusto.

  4. Caqr dijo:

    Una es de letras y admite de entrada que la ciencia económica es para ella un misterio casi insondable, pero no obstante tiene ojos y nómina (felizmente y toco madera, aunque cada vez más precarizada) y por eso mismo no puede dejar de percibir la realidad. Así pues, sin pretender sentar cátedra ni desfacer entuertos, voy a colgar aquí la mía, con el permiso de cuantos lean esta página, y lo haré entrando por una de las puertas en las que me siento razonablemente segura, la semántica.

    1. Aparato, dispositivo o medio que sirve no sólo para medir presión y temperatura, sino para modificarla… (no es barómetro ni termómetro)
    2. Subespecie del género humano dedicado a una actividad que, sin producir bienes o servicios dignos de tal nombre, por su naturaleza tanto parásita como saprofita tiende a hacer suyas plusvalías, rendimientos y productos del esfuerzo y trabajo ajenos…(no se trata de piratería ni bandolerismo en su acepción clásica de trabuco y sirla a la faja)
    3. Supuesto entramado aristocrático que en formas, fines y medios, responde mejor a la concepción de oligarquía y que se muestra particularmente inclinada al anonimato, aunque sus acciones son sobradamente conocidas… (no me refiero al joker de Batman o los golfos apandadores de los cómic)
    4. Prototipo experimental de máquina del tiempo que, mediante sus vaivenes y una mecánica basada en el tornillo sinfín, es capaz de retrotraer la realidad a siglos pretéritos, tanto en cuanto a condiciones como a ideologías… (no es un simple apagón de los que suelen regalaranos las eléctricas en el mundo rural a pesar de presentarnos facturas dignas de metrópoli)
    5. Moderna máquina inalámbrica de esquilar y esquilmar con capacidad de procesar amplísimos colectivos de manera tan efectiva como rápida, reconociendo tan sólo los límites marcados por el campo de acción de otra de sus iguales…(no, tampoco es la afeitadora con cortapatillas recargable del peluquero de la esquina)
    6. Aparato de exprimir con capacidad para extraer y rentabilizándolo y haciéndolo líquido todo el jugo del fruto procesado y objeto de su acción… (no lo han fabricado ni Braun ni Siemens)

    Podría seguir, pero iba a ser más de lo mismon no creo que merezca la pena; además, seguro que a estas alturas el curioso lector ya ha dado con la respuesta a semejantes definiciones. Sí, por supuesto, la respuesta es: agencia de calificación y, subsidiariamente como segunda entrada, simplemente banca 😉

  5. Txema Albert dijo:

    Estoy de suerte. Menos mal que JP Morgan no me hace el test de stress a mí. No quiero decepcionar la familia.

    • Ramón dijo:

      Ohhh… Txema, como te comprendo, pero te diré algo: yo que tú no me preocuparía. No lo haría por dos razones: la de que a la familia, sea por consanguinidad o la que uno libremente ha elegido, ya sabes 🙂 esos seres tan estupendos como ingénuos llamados simplemente “amigos”, que nos conocen sobradamente y, además nos quieren (ellos sabrán porqué si es que lo saben…) no es fácil decepcionarles; y tampoco lo haría porque en realidad, tal como van siendo las cosas, lo que a todas luces resulta peligroso es merecer el aplauso y los parabienes de “la famiglia”; sí, a lo Vito Corleone, aunque se haya metido a político, empresario o banquero 😉
      En fin, recurriendo a ese acerbo de sabiduría popular que tanto te gusta, te diré aquello de: “Pon lo tuyo en concejo, que unos dirán que es blanco y otros que negro”. O sea, la decepción, como la calificación, va por barrios y según interese al capitoste de turno.

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