“Cientos de miles de personas claman en Barcelona por la independencia.”


Más de 20 minutos ha tardado el informativo de La Primera en hablar de la manifestación de La Diada: somos el molesto extrarradio.

Catalunya pide el rescate y, mientras algunos sienten apuro por tener que pedir ayuda cuando otrora llegaron  a pensar que eran autosuficientes, otros invitan a salir a la calle para tapar su propia vergüenza por poner la sirena de emergencia en marcha: esto es como querer vivir solo mientras se le pide a papá que aumente la paga.

No he llegado a tiempo para la manifestación, estaba intentado salvar a un cachorro de gato que finalmente se me ha muerto de inanición entre las manos. Todo el mundo lo veía: nadie hizo nada hasta el mismísimo momento en que he organizado una UCI improvisada en pleno descampado. ¿Qué es necesario que pase para que la gente mueva el culo?, me preguntaba.

Hoy la noticia más leída en el diario El País es: “Cientos de miles de personas claman en Barcelona por la independencia.”

Lo que debe pasar para movilizarnos me lo ha dicho la manifestación y el gato: que la situación sea límite y que alguien tome las riendas del asunto con determinación. Lo demás se orquesta solo, aunque a veces sea demasiado tarde.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Cientos de miles de personas claman en Barcelona por la independencia.”

  1. Manuel Lamana dijo:

    Las libertades de pensamiento, de opinión y de manifestación son legítimas. Nada hay más básico en la convivencia que ese derecho a ser, sentir, pensar y comunicar.
    Hemos de partir que nadie ha de tener nada que oponer al ejercicio pacífico de estos derechos y de que, compartida o no, toda postura y opinión han de ser merecedoras de respeto.
    Legítima, sin duda la manifestación de ayer. Lo que tal vez no sea tan legítimo, ni desde luego merece mi respeto, es la manipulación, la demagogia interesada, el camaleonismo ideológico y esa táctica de llevar las hecho al extremo de que una cosa sea lo que se dice y otra, muy distinta, lo que se hace.
    Cataluña es y los catalanes la sienten, es un hecho. A nada conduce negarlo, es un despropósito ignorarlo o combatirlo.
    Cataluña es, y ese ser late en la sangre y anida en el alma de todos sus hijos.
    Nada puede surgir desde la crispación, Y éste hecho, intínsecamente básico para todo tipo de convivencia y diálogo, es el que a menudo se ignora, se tiñe de colores y banderas que lo niegan y se enfrentan.
    Es mucho más inteligente, práctico y adecuado reconocer ese alma que late en sus gentes y anida en sus tierras y sus costumbres, y hacerlo para, desde ahí,desde el reconocimiento y el respeto, tratar de dibujar el trazado de un camino que se puede y se debe andar juntos.
    Es así de fácil. algo que entre todos podemos y debemos hacer posible; pero para ello sobra lastre por uno y otro lado, desde la negación absurda y la manipulación descarada.
    Sobran gestos políticos, circunstanciales e interesados, y falta verdadero propósito de hacer política desde la responsabilidad y la coherencia.

  2. Carles dijo:

    El molt honorable Mas en Madrid ha hablado de fatiga mutua, de intentos fallidos de aproximación, de la necesidad de un Estado propio. Ha sacado todo el arsenal de conocidas razones, de tópicos ya trillados y agravios históricamente pendientes para, finalmente, derivar a lo de siempre: fiscalidad, tema de la pela pura y dura una vez más.

    El dirigente nacionalista que no se manifiesta, pero que invita y alienta a hacerlo, plantea, amaga y dice soñar con un Estado Catalán que haga posible el salto del Palau Sant Jordi a Bruselas, sin pasar por San Jerónimo ni Moncloa (Zarzuela mejor ni tocarlo, que ni tiene sentido ni viene ahora a cuento) y se deja filmar entre una senyera y una bandera de la UE.
    Pero, tal vez, sea una imagen buscada, conscientemente preparada y que en la realidad lo que sucede es que trata el mandatario catalán de realizar el proceso de alquimia que lleva, a falta de otra mejor piedra filosofal que le saque del apuro, de traducir y convertir las “esteladas” y los manifestantes nacionalistas en moneda contante y sonante.
    Ha insinuado, sugerido, planteado… amenazado, pero no la ha citado ni una sola vez; ¿la palabra?: Independencia.
    Y esta especie de disociado discurso entre Barcelona y Madrid, la más que perceptible diferencia y nada sutil de lenguaje resulta ya demasiado manida, algo que de puro repetido carece de credibilidad.
    Hasta para pedir -ayuda, más dinero o lo que sea- ha de mostrarse estilo, y éste pasa por, de entrada, plantear las cuestiones con honestidad y de manera directa.
    No sé si es el caso, pero me temo que no.

    Como suele decirse, seamos serios, que no es por no ir… pero o vamos o no vamos, que ya está bien de fintas y maniobras, de eternos agravios pendientes que, al parecer, sólo se alivian a base de metálico disponible.
    No soy independentista, lo digo claro y de entrada; pero si lo fuese no sé yo qué razón me movería a apoyar estos sainetes, estas maniobras de amagar y no pegar, de amenazar sólo para obtener ventaja en corto y, como se dice, preferiblemente a metálico.

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