“Los peritos confirman que los restos óseos son de Ruth y José.”


La hijoputez no tiene límites. No es una buena manera de comenzar un post pero es lo único que me viene a la lengua y a la punta de los dedos cuando pienso en un malnacido capaz de dañar a indefensos.

“Hijoputez” una palabra que el Word Office me subraya como incorrecta y que yo misma tacharía si con ello pudiera evitar tener la necesidad de volver a usarla.

Hoy la noticia más leída en el diario La Vanguardia es: “Los peritos confirman que los restos óseos son de Ruth y José.”

Pero aún hay otra palabra de obligado uso: “vergüenza”. La vergüenza que sentimos como sociedad al ver como una familia humilde se ve obligada a contratar una investigación privada para constatar la evidencia.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Los peritos confirman que los restos óseos son de Ruth y José.”

  1. Néstor Badías Aluján dijo:

    Cuando el despecho o el desencuentro llevan a utilizar a otros -muchas veces niños- como arietes o armas arrojadizas, la catadura moral y la calidad personal del que así actúa queda en entredicho. Pero todavía es descender un buen montón de escalones en humanidad cuando la sangre de unos inocentes es el único alivio para un ego enfermo que se siente herido.
    Como suele decirse: “su madre será una santa, pero…” pues eso, que lo de hijoputez en sentido de que el responsable es un malnacido resulta apropiado en este caso.
    Todavía queda, mirando otro ángulo del asunto, el reflexionar sobre un par de cuestiones, a cual más alarmante. De una parte no se comprende bien como unos expertos, altamente cualificados y especializados según se supone, para más datos servidores públicos y por tanto pagados con el dinero de todos, pueden errar en su peritación de manera tan escandalosa. De otra, y aún teniendo presente que en todo proceso cabe la peritacion contradictoria de las partes, de los particulares para confrontarla con la llamémosla “oficial”, no resulta desde el sentido común demasiado asumible que, dado el alcance y repercusión del caso, habida cuenta de los costes de otras partes de la investigación: rastreo y peinado de las fincas, radares especializados, participación en la búsqueda de grupos procedentes de universidades extranjeras y un largo etcétera, se haya tenido que recurrir a este peritaje encargado y pagado con carácter particular para llegar a comprobar la evidencia. ¿Tan complicado resultaba, ante las dudas existentes, pedir que se repitiesen “oficialmente” las actuaciones encaminadas a la obtención y/o descarte de posibles pruebas?
    Además de apreciar hijoputez, en el grado que se ha expuesto, uno lo que aprecia también desde su particular opinión, es un rastro significativamente relevante tanto de incompetencia como de cicatería procesal.
    Así nos va, cuando lo caro no sirve y lo que sirve lo encontramos demasiado caro. Un error que, tijera en mano por los de arriba, se demuestra demasiado frecuente en estos días.

    • Tudi Martín dijo:

      Escribís tanto y tan bien que estoy por retirarme y dejar este bloguito que viva gracias a vosotros 🙂 Gracias por las visitas y el cariño.

  2. Ricardo dijo:

    Un pixel de la realidad, como en tu encabezamiento; es lo que a menudo percibimos tras estas noticias que cuelgas y dejas abiertas a nuestros comentarios.
    Es el de hoy un pixel, uno más, de una realidad en barrena, donde la incompetencia y la cicatería tratan de salir del paso ahorrando céntimos, llevando la gestión en automático para, después, por necesidad, gastar millones o lamentar lo que ha devenido ya irreparable.

    Cuando la política se mira el ombligo y sólo parece recibir instrucciones de fuera y arriba, cuando el sistema santiario (¿qué seguridad tenemos con esto, cómo puede llamarse todavía “social”?) se encoge y se desmorona, cuando la educación baja a mínimos y a determinados niveles parece quedar tan sólo para los de siempre, cuando la justicia patina y resbala de esta manera, cuando el desempleo es un cáncer que nadie ataja ni cura y nos devora un poco más cada día, cuando al oír de ayudas y rescates sólo ha de pensarse en las instituciones y los bancos, no en las personas…
    No estamos bien, no podemos estarlo, y la crisis en sí tampoco sirve ni basta para explicarlo del todo. Faltan imaginación y voluntad, capacidad de gestión y espíritu de servicio

    Estamos en una posición de: “ya no” que se suma al “ya vale así”, y que viene a ser, sin disimulo, una especie de sálvese quien pueda, un si lo quieres bien hecho vas a tener que hacerlo (o pagarlo) tú.

    LLegados a este punto, si seguimos en esta línea, tendremos que cuestionarnos qué papel tiene un Estado que ni ampara, ni garantiza, ni proporciona las condiciones mínimas que salvaguardan la dignidad humana.

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