“Samia Yusuf Omar, la atleta que nos conmovió en Pekín 2008, muere en una patera.”


Ver a una atleta somalí triunfa en Pekín 2008 nos emocionó, pero después dejó de interesarnos justo en el momento en que otro fogonazo informativo captó nuestra atención.

La noticia más leída hoy en el diario ABC es: “Samia Yusuf Omar, la atleta que nos conmovió en Pekín 2008, muere en una patera.”

Queremos espectáculo: regocijarnos en las desgracias (pero poco rato), celebrar las buenas noticias (siempre que no tengamos que pagar el cava), desternillarnos de la risa (si no es de nosotros).

Hoy nos ha vuelto a llamar la atención la historia de Samia. En unas hora dejará de hacerlo. El show comienza y acaba en un instante: ¡ya!. Hablemos de otra cosa.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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4 respuestas a “Samia Yusuf Omar, la atleta que nos conmovió en Pekín 2008, muere en una patera.”

  1. Toño dijo:

    Tópico, patrioterismo de escaparate (el patriotismo es otra cosa) y lo de siempre: hipocresía, espectáculo… y olvido. Ayer gloria de su país, heroina ante el mundo; hoy de nuevo paria obligada a jugarse la vida tratando de encontrar una puerta que le abriese el futuro.
    Tal vez merezca la pena, en lugar de andar pontificando ex-cátedra, presentar un simple ejemplo, y por tratar de que sea lo más neutral posible, hablemos de Suiza. Cuatro medallas, tan sólo cuatro, en las últimas olimpiadas, y les contaré algo más: en el país Helvético hay más practicantes de Tiro Olímpico clasificados como tiradores de primera categoría que federados totales de dicho deporte en España, y sin embargo NO corresponde a esta disciplina ninguna de las medallas obtenidas. El nivel, por así decirlo, es general, aunque no se alcance la excelencia.
    La lectura es clara: cuando el deporte se fomenta y se practica, cuando está integrado y apoyado en el tejido social, tal vez no se alcancen siempre medallas en unas olimpiadas, pero el resultado sigue siendo mucho más presentable y prometedor que el andar “tirando” de individualidades superdotadas que constituyen, en su medio, auténticas excepciones.
    Una medalla olímpica es, sin duda, toda una hazaña, pero la labor de base, el fomentar la actividad deportiva como valor en sí misma en un marco social que tenga resueltos sobradamente las cuestiones referidas a lo más básico que atañe a la supervivencia, es otra cosa.
    Es triste, muy triste, que una chica capaz de superarse a si misma, no haya podido con la inercia y los condicionantes de una sociedad en la que la búsqueda de las condiciones mínimas más básicas requiera jugarse la vida a una carta… y por desgracia, no siempre es la que sale.

  2. Fernando López dijo:

    Crueldad, sin cortapisas ni límites. Es crueldad, aunque admitida. Pura crueldad entreverada de hipocresía.
    Crueldad es el mantener las desigualdades cuando afectan a la dignidad y la supervivencia, cuando hacen que un viaje incierto en una patera sea la última alternativa que le queda a un ser humano, a alguien que es un igual, pero que parece serlo sólo en teoría.
    Crueldad es el mostrar otro mundo a un desposeído de todo, restregárselo por las narices, dejar que se encapriche para añadir: “tú no, que esto no es para ti”.
    Crueldad es conceder, bajo los focos y ante las cámaras, a alguien sus cinco minutos de gloria para, a continuación, ignorar todo lo relacionado con su existencia más allá de la efímera duración de la noticia, del espectáculo.
    Crueldad – y nuevamente hipocresía- hay en este rasgarse las vestiduras cuando la desgracia, como tantas veces, llama nuestra atención y lo hace por haberse cebado en aquella que un día “fue algo o alguien”. Nos llama la atención por un instante la desgraciada historia de Samia… pero no ha sido, ni por desgracia va a ser, la única que pierda su vida en una patera, por tratar de llegar al primer mundo aunque sea en precario.
    Crueldad e hipocresía,no hay más, no puede llamarse de otro modo. Hipocresía la que late en los cinco segundos de indignación y dolor antes del postre, crueldad la que se concreta en no haber hecho nada, nunca, que evite que tales situaciones se repitan.
    No se atragante nadie con el café, no pasa nada, nunca pasa nada con tal de que siga la función, de que continúe el espectáculo. Pasamos página o hacemos zaping y listo.

  3. Carmen dijo:

    En este mundo que llaman aldea global, algo falla. Todo resulta transitorio, todos somos tan efímeros que caducamos antes incluso de haber nacido.
    Tenemos la posibilidad, pero nos falla, por saturación, el interés. Podemos acceder a todo, pero cada pedazo de información y conocimiento necesita de un procesamiento que, por varias razones, no realizamos.
    La prisa, la inacabable sucesión de mensajes nos llevan a un estado de colapso emocional que se define en la superficialidad sistemática, aliada de la indiferencia… y nada hay más borde, más duro, más trágico y doloroso -para cualquiera, para todos- que sentirse y saberse indiferente.

    • Tudi Martín dijo:

      “Posibilidad” e “Interés”…va a ser que ahí radica el problema, y la solución a muchos de los dilemas que nos rodean. Gracias y hasta pronto.

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