“Un barco se salva por los pelos de la ruptura de un glaciar.”


Llamadme frívola, pero cada vez que oigo la palabra “rescate” canturreo aquella canción de los 60 titulada Rescue me.

Hay frases machaconas acuñadas en la infancia que últimamente me vienen a la cabeza, como aquel soniquete de Fontella Bass, me refiero a: “Hay que asumir la consecuencia de nuestros actos” y “Hay que salir lloraditos de casa.”

Somos un país inmaduro; nadie nos hizo entender ninguna de estas máximas. Esperar a que alguien venga en un corcel blanco a resolver nuestros problemas y lloriquear porque no sucede cómo esperábamos es sintomático de quien no superó con éxito su juventud.

La noticia más leída en el diario Huffington Post es: “Un barco se salva por los pelos de la ruptura de un glaciar.”

Crezcamos: eso no pasa. Dejemos de gimotear y convenzámonos de que somos nosotros los que tenemos que tomar las riendas de la situación o alguien seguirá haciéndolo por nosotros, muy mal por cierto.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Un barco se salva por los pelos de la ruptura de un glaciar.”

  1. Carlos Bueno dijo:

    No pretendo entrar en polémica, ni tampoco se trata de buscar a toda costa ejercer de abogado del diablo… pero reconociendo todo lo que de verdad hay en cuanto expones, permíteme que añada algo:
    En efecto, somo un país que puede calificarse de inmaduro en el sentido que apuntas, demasiado acostumbrados (conformados si lo prefieres) a esperar la aparición del héroe que, montando ese caballo blanco -o esgrimiendo las nuevas Tablas de la Ley- nos saque del apuro,nos guíe en la travesía del desierto. Tienes razón, somos así… pero hay que tener en cuenta que la responsabilidad, la capacidad de tomar decisiones y optar, el ejercicio de la libertad en suma, siendo un derecho inherente a cada persona… lo es en grado de facultad, de potencialidad… pero nadie garantiza su óptimo y deseable ejercicio sin la preparación, el hábito y la actitud adecuada. Dicho de otra forma: podemos y debemos hacerlo, ejercerla… pero esto no se improvisa ni cae del cielo ni parte alguna por ciencia infusa, que sólo el hábito, la costumbre, garantizan que la potencia se convierta en acto, relacionan la necesaria adecuación de la facultad y el correcto ejercicio.

    No trato de echar balones fuera… pero en un país en el que a lo largo de demasiado tiempo y hasta no hace demasiado hemos sido súbditos y no ciudadanos, la tentación a inhibirse, a esperar la aparición del blanco corcel con un profeta o caudillo subido en él, es demasiado fuerte… Sólo la educación, la toma de decisiones y asunción de responsabilidades, el propósito de desterrar los salvadores a caballo por querer empuñar y conducir las riendas de nuestra propia existencia, serán capaces de obrar el cambio.

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