“Los detalles que pocos vieron.”


Chillidos desesperados, euforia nada contenida. Pitidos, saltos, petardos, uyyyyyssss…y cuatro goles que nos cambiaron el gesto, aunque sea por unas horas.

Qué divertida hubiera estado una final entre Alemania y España.

Hoy la noticia más leída en el diario El Mundo es: “Los detalles que pocos vieron.”

Ayer jugó España y, aunque algunos despistados no sabíamos si estaba en juego un mundial o una Eurocopa, el jolgorio nos contagió de entusiasmo: qué alegría la alegría de la gente, lluvia de goles aparte.

Disfrutar con los buenos momentos de los demás es una garantía de muchos instantes felices; quién depende solo de sus vivencias dichosas para sonreir tiene matemáticamente menos posibilidades de pensar que la vida es maravillosa, a veces.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Los detalles que pocos vieron.”

  1. Chelo dijo:

    No me gusta el futbol; me aburre soberanamente. En cierta ocasión, le hice una retransmisión a mi marido de lo que yo percibía del partido que estaba viendo y a los 3 minutos se puso las deportivas y se fué a verlo al bar. Es todo tan verde, tan grande, los jugadores tan pequeñitos ahí sobre la pantalla… verde. Oye, que me quedo frita al cuarto de hora! Pero este domingo, ví el partido y disfruté como una enana. ¡Qué gusto ver un equipo con un objetivo claro y defendiéndolo con calidad y honestidad! ¡Qué bonita la asistencia de Torres a Mata! Y sobretodo, ¡que gusto poder olvidarse por un ratito del panorama que tenemos! Pues sí, Tudi; gracias a estos muchachotes por el buen rollo reinante al menos durante unos cuantos días.

  2. José Luis dijo:

    A menudo intentar comprender lo que sea la felicidad nos lleva a una búsqueda de grandes acontecimientos, de verdaderos golpes de suerte… pero erramos el camino; la felicidad puede apoyarse en ellos a veces, pero en absoluto estos la justifican ni la propician.
    Hoy hablaré de mi madre, una mujer de ochenta y bastantes años que, sin duda, ha dado con la fórmula: no sólo es feliz -permanentemente y de veras- sino que anda la mujer repartiendo porciones de felicidad a cuantos la conocen y se relacionan con ella.
    ¿Su secreto? Simplificando mucho pero sin faltar a la verdad podría cifrarse en dos pilares básicos: cada mañana se levanta con una ilusión, con el propósito de llevar adelante alguna tarea, con un “hay que hacer…” y la decidida voluntad de sacarla adelante. El segundo es la capacidad de valorar y disfrutar de lo que se tiene y no obsesionarse ni envidiar nada, y aquí es también definitoria la disposición a alegrarse por los logros y la felicidad ajena. Es una actitud básica, con efecto reflejo y multiplicador. Felicidad en, por, con los otros, exenta de todo tipo de envidia o frustración centrada en nuestro propio ombligo, porque centrar nuestra percepción exclusivamente en la mitad (o más, o menos) de la botella que está vacía siempre hace que sepa amargo el trago de la parte que tenemos llena.
    El ser humano es maravilloso, sorprendente. Toda persona necesita sentir el calor de ese fuego interior que nos dice que seguimos vivos y que estamos por y para algo, de la ilusión hecha tarea, de pequeños momentos que nos llenen y podamos disfrutar reputándolos en positivo. Y no hacen falta grandes logros, ni golpes de fortuna que lo cambien todo en un instante, sino ese ir haciendo día a día, la capacidad de ver y encontrar sentido a las pequeñas cosas y el saber llenar la vida con ellas.
    Habrá quienes digan que lo del fútbol, lo de la roja el otro día, no es sino una moderna versión del “panem et circenses”, y probablemente tenga su parte de razón, pero es mucho más, algo que no deja de ser una porcioncita de felicidad compartida. Hoy cada cual seguirá con su hipoteca pendiente, la preocupación del desempleo, hasta las narices de la banca y la prima de ese tal Riesgo… pero la sonrisa que nos regalaron estos chicos el otro día, la ilusión de ver como el trabajo bien hecho y la tenacidad obran maravillas, esto no nos lo quita ya nadie… y es algo importante, cada vez más importante en estos tiempos.

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