“Esperanza Aguirre pide suspender la final de la Copa del Rey por las protestas nacionalistas.”


Hoy un amigo me hablaba de “las empresas de cuando las empresas eran empresas”. La expresión me ha hecho reír por lo que supone de bofetada con la realidad.

En este presente tambaleante el pasado parece lejano aunque a penas hayan transcurrido unos años. Todo queda viejo porque el cambio ha sido abrupto: los proyectos se congelan sacrificando el futuro inmediato de las empresas, los políticos olvidan la voluntad de servicio a la ciudadanía o los jueces regalan viajes a Puerto Banús pagados con dinero ajeno.

La noticia más leída hoy en el diario La Vanguardia es: “Esperanza Aguirre pide suspender la final de la Copa del Rey por las protestas nacionalistas.”

Y como nada es lo que era y poco es lo que parece, da por pensar si será que Esperanza Aguirre sigue dándole vueltas a cómo ahorrar. Tanto ingenio está demostrando con las tijeras después de su pasado dadivoso, que cualquier declaración suya parece destinada a alcanzar el déficit cero, aunque con alguna de ellas suba el pan.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Esperanza Aguirre pide suspender la final de la Copa del Rey por las protestas nacionalistas.”

  1. Luis Martínez dijo:

    Sucedáneos, eufemismos y tijeras. Demasiado ya para el body, que esto es un sinvivir, un cachondeo cañí, la apoteosis del país de la siesta, la pandereta y la prepotencia de carácter caciquil. Parece que hemos olvidado que, como suele decirse: “de aquellas lluvias vinieron estos lodos” y que si bien: “no hay mal que cien años dure”… tampoco (y mucho antes) “…ni cuerpo que lo resista”. Algo anda mal, muy mal, cuando por todas partes se monta, cuando todo el mundo echa las muelas, cuando la única solución que se ofrece a los problemas es un automático y tajante: “¡cállate!”.
    La Espe se desmelena (de nuevo) sacando a relucir ese bastón de mando que no alcanza a verse realizado con lo ya recortado en esa neocomunidad artificial que alberga la Villa y Corte y, poseída por esa fiebre autoritaria, aspira a “arreglar el mundo”… pero eso sí, como en la canción: “A mi manera”…
    Y son curiosas las maneras de la buena señora, que para muestra nos vale algún que otro botón: ¿que los profes protestan? es porque son unos vagos, dales donde más les duele, en la dignidad y, ya de paso, en la nómina; ¿que hay gente que anda dando mala imagen cuando busca su cena en los contenedores de los supermercados? se les multa, faltaría más, vaya a ser que puedan dar al traste con el proyecto de Villa Casino de En medio; ¿que los nacionalistas pretenden montar una pitada? se suspende el partido y se reanuda a puerta cerrada, que se vayan con su neura y su pataleta a provincias, ¡semejantes díscolos periféricos… qué se habrán creído!

    Miedo da pensar en la siguiente. Las soluciones de la señora marquesa hacen temblar hasta a los mismo leones del carro de la Cibeles (que un día de estos se ven también sustituidos por dos sumisas y castizas mulas castellanas) y como ellos espera y tiembla todo bicho viviente bajo las bien “centradas” estrellas.
    Que no, que no es esto, que aquella solución de “muerto el perro, muerta la rabia” no admite esta interpretación, que la rabia viene por lo que viene y tiene sobradas razones para expresarse, y el palo y la mordaza no llevan a ninguna parte. Pero claro, no hay nada más sencillo que la política del palo al mono hasta que hable inglés y enrocarse en la postura de que los problemas no existen si la gente no las pía…
    Hágase pues el silencio y tranquilidad vendrá de tranca… y trancazo en su caso.
    Pues no, no es así, que cuando a uno le aprieta el zapato (o el cinturón, o la moral de puro constreñida y represaliada) el pitido, la cacerolada o el grito desnudo son legítimos; y lo son aunque la Espe se lleve el dedo a los labios exigiendo silencio.
    Un verdadero gestor ataca la raíz del problema y no se limita a reprimir la protesta; un buen médico busca sanar la enfermedad, no enmascarar los síntomas, Claro que esto es hacer política de verdad, y eso no se lleva.
    Parecen tiempos de mandar antes que servir, de aparentar más que ser, de acallar en lugar de escuchar. Unos tiempos en que la palabra “esperanza” parece ser tan sólo un nombre propio… y es para echarse a llorar.

    • Tudi Martín dijo:

      Pues si Luis: últimamente más que economía “preventiva” estamos viendo cómo se toman medidas económicas “paliativas” y así poco remedio hay.

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