“La banca tiene bula y Rajoy un grave problema.”


Esta tarde me he puesto a hacer galletas caseras para no gastar en el super y casi he tenido la tentación de lavar la colada a mano por aquello de ahorrar. ¡Es broma!

Desde que Rajoy declaró a un diario que se lleva el tupper al trabajo todos nos sentimos un poco más derrochadores.

La noticia más leída hoy en El Confidencial es: “La banca tiene bula y Rajoy un grave problema.” Tranquilos la publicación no se refiere a la alimentación presidencial.

El misterio no está en llevarse la fiambrera a cuestas si dentro llevas solomillo, el secreto del ahorro reside en irse al bar de la esquina y abonar un modesto menú del día: nuestra economía no se resentirá y generaremos trabajo a nuestro alrededor.

Los pequeños detalles nos definen. A los políticos, también.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “La banca tiene bula y Rajoy un grave problema.”

  1. José Luis dijo:

    Leído el comentario, leída y releída la reseña a la que alude. Todo suena en ambos casos extraordinariamente ajustado: diríase el tic-tac infalible e intachable de un reloj suizo,

    Por un lado, y esto queda de manifiesto en el artículo de “El Confidencial”, sin duda la banca, – o más bien determinados llamémosles “barones de la banca”- ejercen una notable influencia sobre las decisiones que un gobierno -supuestamente encargado de la gestión de los intereses de todos- viene tomando cada viernes. Es vox populi y está en la calle, nada que no se sepa o se pueda ocultar a los ojos de quien quiera mirar y ver. Los consejos que se permite dar en publico e incluso las indicaciones de Don Emilio y el tono en que salen de sus labios, denotan con bastante exactitud quién está ejerciendo de mago consagrado y quienes parecen ser los aprendices de brujo.
    Advertido esto, no está de más señalar y discernir que una cosa es buscar opinión autorizada y consejo y otra muy distinta recibir instrucciones… y tengo para mí que en este momento hay más de lo segundo que de lo primero.
    Si uno piensa en las millonarias deudas de los partidos para con ciertas entidades de crédito, si repara además en el “retiro dorado” que esas mismas entidades o empresas mayoritariamente participadas por las mismas acaban siendo para los descolgados del ejercicio de la política activa y si, por último, todavía le suma la influencia en los consejos de administración de muchos medios que tales entidades tienen… pues la cuenta, evidentemente, sale y se explica.
    Por otro lado, y entrando en lo que pudiera ser más anecdótico, podemos intentar desentrañar el misterio de qué sea lo que late y subyace en el fenómeno del tupperY creo que tampoco nada nuevo hay tras semejante postura y el intento de concienciar al respetable.
    Recuerdo cuestaciones llevadas a cabo por damas y caballeros de la alta burguesía, gente de calidad y orden, en las que ascendía a más el monto de la peluquería de las unas y los gastos del convite de los otros que la suma realmente recaudada en pro de su benéfica y favorecida obra. Recuerdo también la hipocresía latente en quienes, para mortificarse y penitenciar guardando estrictamente la cuaresma, sustituían sin reparo el filete de lechal que hubiese correspondido por una lubina fresca convenientemente guarnicionada antes de ser servida en sus estrictas y ortodoxas mesas. Faltaría añadir -y creo que es más de lo mismo- esos archiconocidos casos en que un servidor público por vía de las urnas, hace gala y publicidad de un salario suficientemente parco y contenido… pero guarda un prudente, interesado y conveniente silencio sobre las dietas, complementos y demás sinecuras asociadas al cargo.

    No creo que nada de lo apuntado haya causado estupor ni sorpresa, que de los unos y los otros todos podríamos apuntar ejemplos y, muchas veces, incluso con nombre y apellidos.
    Este país es así, y hemos de pensar en que seguramente tenemos lo que merecemos.
    Para concluir, tal vez sea bueno quedarse con dos ideas: la primera es que si la banca es en su mayoría un negocio privado, debiera ser considerado a todos los efectos como tal, y si se estima oportuno y conveniente que el Estado la intervenga, dicha intervención debiera producirse a las duras y a las maduras, y no exclusivamente para acudir en su socorro y reflotarla cuando pintan bastos y el ladrillo demuestra ser más lastre de plomo que alas de oro.
    La segunda es admitir el poderoso influjo que en la mente y la actitud de todos tiene el ejemplo, pero a condición de que sea consecuente, honrado y sincero, que lo que no sirven son los gestos que se quedan en lo superficial, que están destinados únicamente a ser titular favorable por un día, a intentar adecentar simplemente la fachada.

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