“Un joven viaja con Renfe gratis durante casi dos meses haciéndose pasar por una bici.”


La avenida es ancha y llena de bancos repletos de gente. Se me entretienen los oídos degustando un picadillo de conversaciones: “Viajó desde Rumanía  para ganarse la vida”…

Sigo avanzando y en el siguiente escucho: “Pues yo me casé con él para darle los papeles”…

Hay tantas conversaciones: “¿Es verdad que Domingo ha ido a comer al Josep Adrià?”…

La vida pasa casi tan rápido como yo: corriendo. Mientras vamos, oímos y de vez en cuando participamos, es nuestra forma de sentirnos vivos.

“Un joven viaja con Renfe gratis durante casi dos meses haciéndose pasar por una bici.” No, no es otra de esas conversaciones cogidas al vuelo, es el titular de la noticia más leída de hoy en La Vanguardia.

Reconforta comprobar que la realidad puede superar a la ficción incluso cuando la vida es tan rica y variada. Es la sorpresa de los días, otra manera de sabernos vivos.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Un joven viaja con Renfe gratis durante casi dos meses haciéndose pasar por una bici.”

  1. Néstor dijo:

    Un hecho curioso. No deja de serlo el que alguien decida “ser” una bicicleta para poder utilizar el transporte público sin que el precio de éste suponga una carga más…
    Lecturas sobre el hecho, desde luego, hay varias. Habrá quien piense que es una muestra más de esa picaresca tan instalada en nuestra conciencia de intentar que las cosas salgan de baldes o al mínimo coste posible. Habrá quien piense que es una demostración de cara dura más allá de cualquiera otra consideración, sobre todo quienes, cada día, todas las veces, pagan religiosamente su billete para usar el mismo servicio. Habrá quien lleve el asunto a esa falta de control en los gestores y responsables del servicio que ha permitido hechos como el descrito.
    Multitud de opiniones, diversas vertientes de abordar el asunto. Como no puede ser menos, yo también tengo la mía, y aunque sin duda heterodoxa, me resulta válida y hábil, útil y adecuada para una reflexión: puede ser, lo sucedido, algo así como un símbolo. A ver si va a resultar que la mejor manera de sobrellevar el día a día en estos tiempos de crisis consiste -como en el caso que se expone- en cosificarse, en no tratar de ser una persona… sino comportarse, aparentar, reducirse a un mero utensilio, una simple herramienta. Una bicicleta no paga en Renfe, una herramienta tampoco precisa derechos sociales ni se queja ante los recortes de salarios ni precariedad de las condiciones laborales; es raro que se la considere obsoleta y/o prescindible en estos tiempos… y parece importar poco que sea una llave inglesa de acero cromo-molibdeno o Luis Gónzalez, peón sin cualificar y comodín para lo que sea, el que acepta cualquier condición que se le proponga y no dice ni “mus”; en definitiva una herramienta multifunción, barata y apropiada para el momento que se vive en las empresas.
    En las empresas y los tajos, las personas pasan, a veces sobran… las herramientas quedan, permanecen y nadie aplica el filo de las tijeras sobre ellas.
    Manda (lo que ustedes quieran) que para sobrevivir, para permanecer, para librarse de la quema… lo apropiado sea eso: ser una simple, callada y resignada herramienta.

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