“Los Bonomi convierten Port Aventura en una máquina de hacer dinero.”


Tanto sabemos todos de todo que también los políticos se han convertido en auténticos expertos del marketing.

Quizás el fenómeno responde a lo que doy en llamar hibridación profesional, gracias a la cual diferentes sectores acaban aleados por pura demanda del mercado, pero creo que no.

Más bien lo que sucede es que los políticos cada vez se apoyan más en las respuestas de la opinión pública y, de acuerdo con esta, van modulando su discurso redirigiéndolo para lograr la sonrisa del electorado.

¿Son recortes o son políticas de crecimiento? Se hace el silencio.

Hoy la noticia más leída en El Confidencial es: “Los Bonomi convierten Port Aventura en una máquina de hacer dinero.”

Oferta diversificada, precios reducidos, pases vip, apertura al turismo…ideas rentables sin lugar a dudas.

Quizás deberíamos plantearnos contratar a los tal Bonomi como asesores financieros del país: para muchos últimamente empiezan a merecer más credibilidad los gerentes de los autochoques de la feria del barrio que Merkel y compañía.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Los Bonomi convierten Port Aventura en una máquina de hacer dinero.”

  1. Carlos dijo:

    Como diría Txema Albert echando mano de su arsenal de sabiduría popular: “El hábito no hace al monje”, a lo que yo añadiré ahora: “…pero sí le definen sus maneras”.

    Estamos en un tiempo extraño. Contemplamos -y a menudo padecemos- curiosas e insospechadas situaciones. A veces personajes (o personajillos) con toda la apariencia de solvencia, de competencia, de coherencia y aparentemente de toda garantía resultan ser auténticos trileros, inconsistentes vendedores de humo. Tan sólo mera apariencia, pura fachada, algo que no puede ir más allá de esa primera impresión con la que encandilan a la concurrencia.
    Por el contrario, y ha de reconocerse también, otras gentes en apariencia más modestas, menos atildadas, se muestran como competentes gestores y llevan día a día la imaginación, la voluntad de luchar y su esfuerzo a todo aquello que emprenden y a lo que dedican su tiempo. Son en sí mismos un valor, un valor avalado por sus logros y, también hay que resaltarlo, por sus acciones.

    En la vida, no basta con vestir un hábito, con aparentar una fé que no se tiene, con repetir versículos vacíos y ejecutar gestos sin sentido. Lo que cuenta y funciona, lo que convence, arrastra y triunfa es la actitud, la capacidad de llevar las obras que se emprenden a buen fin y esa voluntad de que la coherencia y el esfuerzo sean quienes marquen la trayectoria hacia los logros apetecidos.
    En este convento, en los tiempos que nos corren a todos, y desde la más aconfesional de las metáforas, permítaseme decirlo: sobran figurones y faltan creyentes.

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