“La monja acusada del robo de bebes se niega a declarar ante el juez.”


Fe, esperanza y caridad. Fe esperanza y caridad. Repetía con tono monótono y cansino Sor Amelia, antes de comenzar la clase de religión, como si de un mantra tibetano se tratara.

Ahora, cada vez que me veo obligada a asistir a un acto tedioso, me digo para mis adentros  “fe, esperanza y caridad”: fe para parecer crédula ante lo que allí se pueda contar, esperanza para que se acabe pronto y caridad para con el pesado que está a punto de hacerme malgastar el tiempo.

La noticia más leída hoy en el diario El País es: “La monja acusada del robo de bebes se niega a declarar ante el juez.”

Poco tienen que ver la machacona Sor Amelia con la acusada Sor María: pero menos mal que la primera me enseñó el tremendo valor que tiene la paciencia y el saber estar porque si no a la segunda le diría inmediatamente que es una malnacida.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “La monja acusada del robo de bebes se niega a declarar ante el juez.”

  1. Antonio Fernández dijo:

    Fe, esperanza y caridad. Una trilogía de Virtudes… pero unas actitudes morales que deben ser no sólo bien comprendidas, sino también aplicadas para que tengan sentido. No es el caso, Tudi, todo ha fallado por la base en esta sórdida historia que nos ocupa.

    Nada de fe hay en ese arrogarse el destino de unos recién nacidos y decidir que “otra vida con otra familia” era lo que debían tener, negando a sus madres toda posibilidad. Nada de esperanza, por tanto, en lo que el futuro y el amor pudieran haber logrado, cambiado en la vida de unas madres que, en algún caso, tal vez se encontrasen en situaciones delicadas, pero que no por eso dejaban de serlo, tanto madres como personas dignas de todo respeto y consideración.
    Caridad que debió ser, en este caso, más que una simple palabra. Es un valor y un principio la humanidad traducida en comprensión, apoyo y ayuda para quien lo necesita; pero esa caridad es todavía más exigible entre quienes profesan una fe en la que la observancia de tales valores es un mandato tajante: “si no tengo caridad no soy nada…” y poca hay en quienes, erigiéndose en jueces de sus hermanos y árbitros de la situación, deciden hacer y deshacer, dar y quitar, actuando de manera tan unilateral como inapelable.
    Sor María tal vez tuviese a gala los votos proferidos… pero no sé si los comprendió en todo el alcance que su función requería. No tuvo, en mi opinión, ni la fe, ni la esperanza ni la caridad necesarias, y mucho menos las supo trasladar a esas personas abatidas por las circunstancias a quienes, lejos de ayudar, sin duda condenó y perjudicó.
    No sé si el adjetivo de malnacida es entonces suficiente, tendría que meditarlo, pero lo que sí me viene a la mente es una frase, otra descripción que hiciese el cardenal Péréfixe refiriéndose a las monjas de la abadía de Port Royal: “puras como ángeles, pero soberbias como demonios”
    De nada sirven unos votos, ni una profesión de fe en una filosofía, religión o actitud ante la vida si de su principal mandamiento: el amor para con los demás, esas fe, esperanza y sobre todo caridad, se hace un simple lema vacío y hueco que las obras contradicen a cada instante.

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