“Michela Roth, la maestra sexy italiana: Mis fotos son solo artísticas, estoy aterrorizada.”


Mientras Ryanair sigue con su “especial” política de marketing dando que hablar como forma de publicidad gratuita y los medios entran al trapo publicándole hasta la expectoración de sus toses, vemos a la Casa Real con otra campaña de marketing, la de Doña Leticia vistiendo de Mango. Esta crisis está dando mucho juego.

Otros no saben de marketing y se limitan a pedir igualdad de condiciones: si condonan su deuda a ricos infractores, que se la condonen también a ellos, ciudadanos que llevan toda la vida pagando a Hacienda y que ahora quedan empeñados de por vida con unos bancos que, además, les arrebatan el piso que han estado pagando hasta que han dejado de poder hacerlo.

Qué importante es saber vender, y venderse en una sociedad en la que todo se compra. Diría que hasta el cariño de una madre se compra desde que conozco el caso Borja Thyssen.

Hoy la noticia más leída en el diario ABC es: “Michela Roth, la maestra sexy italiana: Mis fotos son solo artísticas, estoy aterrorizada.”

Michela es monísima y ensaña el culo en Facebook como quien muestra las fotos de un paseo campestre ¡eso es arte!, esta chica no miente.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Michela Roth, la maestra sexy italiana: Mis fotos son solo artísticas, estoy aterrorizada.”

  1. Ricardo dijo:

    Es importante saberse vender, pero todavía lo es más saber que te van a comprar. La mejor de las campañas posibles es el reconocimiento de lo que tengas de valía por haberlo ganado a pulso y labrado día a día, algo que se perciba y se asocie a tu sólo nombre en virtud de un reconocimiento que no es sólo tributario del marketing, sino consecuencia y fruto de tu trayectoria personal.
    Por el contrario resulta siempre conflictivo e incluso peligroso el colocarse por encima de la opinión ajena, el pensar que lo logrado es definitivo e indiscutible, que sean los que fueren nuestros próximos pasos nada va a empañar nuestra imagen ni desdecir nuestro prestigio. Es peligroso porque, una vez producido el traspiés, echado a pique nuestra reputación y empañado nuestra imagen, la reparación será siempre complicada y laboriosa, deviniendo en ocasiones sencillamente imposible
    Frente a esta realidad no basta la simple y ciega apología, tampoco es demasiado útil el recurso a revivir los méritos pasados, ni apropiada y efectiva una cortina de silencio que trate de que los hechos se olviden pretendiendo que es como si no hubiesen sucedido.
    La única ley que rige cuando la “hemos jodido con ventanas a la calle” es aquella que recuerda que en absoluto cuenta nadie con una plaza segura en el ranking de la estima y la valoración ajenas.

    El quedarse con el culo al aire puede resultar algunas veces llamativo y rendir resultados por atraer la atención y mover el interés hacie un tema que tratamos de dar a conocer, pero para eso ha de ser arte y belleza lo que se perciba; porque no siendo así, en muchas otras ocasiones, ese gesto a menudo indeseado resulta solamente impúdico y lo que se muestran de resultas son más bien inconfesables vergüenzas…
    Lo que la prensa recoge estos días es buena muestra de ello: hay maneras y maneras de quedarse con el culo al aire, y no son para nada lo mismo.
    El, llamémosle tropezón o patinazo real, se ha visto y se ha sabido, aunque la intención por supuesto era la contraria. Lo sucedido ha sido noticia de portada y levantado polémica, revelando que nada tienen de arte (tampoco de deporte) ni despiertan ninguna simpatía unos hechos que, además de accidentales, podrían calificarse de vergonzantes, aunque sólo sea por la incoherencia que delatan entre lo que se dice y se pide y lo que el mismo protagonista luego hace.
    Hemos visto y sabido, estamos en estos días hablando de ello y la inmensa mayoría de los ciudadanos de este castigado país en crisis nos sentimos indignados por lo que ha pasado. El resbalón en Botswana ha entrado por la puerta grande en el salón de nuestras casas, y lo ha hecho de manera que trasciende la mera anécdota: ha movido a la reflexión, ha levantado indignación, ha creado conciencia.
    Una hasta ahora “prestigiosa y prestigiada marca” ha entrado en pérdida cayendo en barrena, el descrédito se hace cada vez más patente y manifiesto; algo que se percibe en la calle a pesar del silencio que los gurús de la imagen y la comunicación de la Casa Real parecen empeñados en guardar, algo que está ahí (aquí) a despecho de que los guardianes de la imagen y la palabra de tan señalada y emblemática empresa se hayan posicionado en la nada, actuando como juramentados en la táctica del avestruz. A pesar también, y por último, de los tabúes tácitamente admitidos por los grandes medios, secundados casi sin fisuras por los grandes partidos y de todos los cacareos y graznidos de los apologistas.

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