“Minijobs a 5 euros la hora.”


Todo pequeñito, todo chiquitito. Todo ridículamente escueto y contenido. Todo reducido, consumido, mermado. Todo estrecho, corto y escaso.

Estoy por no extenderme más para predicar con el ejemplo de la contención pero no. Lo de pensar y decir es lo que nos queda después del saldo: el derecho al pataleo.

Los duros a cuatro pesetas se abren camino a codazos, y tanto swing se le ha puesto a los empujones, que la sociedad ha acabado bailando ese ridículo baile de empujones, con nuestros dirigentes como directores de orquesta.

La noticia más leída hoy en el diario El País es: “Minijobs a 5 euros la hora.”

Salvando los mínimos indispensables necesarios para sobrevivir: la dignidad existe. Si decidimos no hacerla prevalecer acabaremos ejerciendo a la vez de meretrices y servicio de limpieza y encima pagaremos por ello.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Minijobs a 5 euros la hora.”

  1. Ricardo Villanueva Ramírez dijo:

    Minimalismo exasperante… e inasumible. No se trata tan sólo -que ya es de por sí grave- de lo que atañe a la remuneración por el trabajo realizado, esa cuenta a la baja, rozando los mínimos, que apenas llega a cubrir las necesidades más básicas. No, por desgracia no es tan sólo esto.
    El minimalismo más flagrante es el que afecta a esa irrenunciable esfera de seguridad inviolable que envuelve tanto la dignidad de la persona como la paz social.
    Cuando se juega “a mínimos” y se lleva a las personas al filo de la cuchilla, ha de tenerse presente la opción de que, una vez allí, perfectamente pueden éstas, las ninguneadas víctimas, decidir que bien pueden voltear ese mismo filo y aplicarlo al cuello de quien les ha llevado a semejante situación.
    Bien entendido que lo que acabo de exponer no es sino una metáfora, no obstante ha de traducirse en los siguientes términos: cuando a una persona se la coloca ante unas condiciones que, lejos ya de ser mínimamente razonables, se han convertido en inaceptables, podemos pensar que, con toda probabilidad, lejos de aceptar la última vuelta de tuerca, el último insulto a su dignidad e inteligencia, el último abuso… perfectamente puede mandarnos a freír monas”.
    Es de por sí bastante lamentable la situación que atravesamos; por eso mismo el colmo ya de la sinrazón es que algunos listillos, esos despabilados de vía estrecha y ego superlativo, traten de aprovecharse de la necesidad ajena para jugar con ventaja y sacar provecho.
    Son tiempos difíciles, pero eso en ningún caso justifica que cuando de relaciones laborales se trata, las propuestas que puedan ponerse sobre la mesa no recojan esas condiciones mínimas indispensables que separan trabajo de esclavitud, voluntad de imposición, de lo que sean condiciones justa y libremente pactadas de lo que se conoce como un pacto leonino, es decir, de un abuso en toda regla.

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