“Nada enseña más que sentir que te queda poco tiempo.”


Somos eternos. Lo sentimos cada mañana al vestimos: estamos aquí para quedarnos, son otros los que se van. Seguimos aquí y no queremos pensar más allá. Las cosas malas siempre les pasan a los demás.

Somos perpetuos, y no queremos que nadie nos lo niegue. Generamos un vendaval a nuestro alrededor por la más nimia tontería porque estamos seguros de que el ombligo del mundo coincide con el nuestro.

La noticia más leída hoy en La Vanguardia es: “Nada enseña más que sentir que te queda poco tiempo.”

Un día algo sucede; en lugar de largarnos de pronto nos invitan a irnos. Es entonces cuando al vestirnos esa mañana sentimos que la eternidad es algo efímero, que lo perpetuo era caduco, y a partir de ese momento sabemos que lo único importante es lo que de verdad importa.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Nada enseña más que sentir que te queda poco tiempo.”

  1. Pedro Ramos dijo:

    Somos inmortales. Esta “seguridad” inconsciente y supuesta de entrada, tal vez sea una especie de axioma que, aunque erróneo, cumple su misión: aleja positivamente el sentimiento de angustia ante lo irremediable de nuestra partida un día u otro.
    Se trata de un espejismo que es la contrapartida de esa otra seguridad (ésta real e indiscutible) de que lo único que tenemos seguro desde nuestro nacimiento es que un día moriremos.
    Pero esta situación, en cierto modo positiva para todos y que nos evita tener que ser siempre y de manera obligada moral y existencialmente fuertes, es eso, un mecanismo de defensa intelectual que, no obstante, en el fondo sabemos erróneo por lo inconsistente.
    Por eso mismo, y aquí es donde cada cual pone la actitud y la vivencia, la posibilidad que proporciona de no andar con la cruz de nuestra caducidad permanentemente ante los ojos y a cuestas, no debe empero hacernos rebasar la delgada línea roja que marca la trascendencia y la consecuencia de nuestros actos.
    Como dice un sabido gracejo, incluso quienes creen en la predestinación miran a uno y otro lado antes de cruzar una calle transitada.

    No somos nadie ni superman ni superwoman, y aunque nos creamos “muy buenos y unos crack” siempre encontraremos a otros que lo son más y, también hay que decirlo, sabemos que cometeremos y cometeremos errores.
    Es un tiempo desconocido y limitado éste del que disponemos; se trata por tanto, una vez más, de priorizar en qué lo invertimos y, a la vez, de hacer que sea fecundo para nosotros mismos y para los demás.
    Ésta es la vida que tenemos, tratemos de gestionarla convenientemente: “Vive como si fueras a morir mañana, sueña como si fueras a vivir siempre”.

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