“Arrestos, descuidos, resacas”.


Un placer pasear esta mañana el Mobile World Congress con la única pretensión de  conocer personas, productos, empresas…

Y mientras conocía, miraba y probaba, en un banquete tecnológico que no habría cambiado por ningún otro. La tecnología es la constatación de que el talento se puede materializar, que no es algo abstracto y meramente filosófico, que puede manifestarse con brutal rotundidad.

Me dolía ver cómo una azafata sumergía una tablet Fujitsu en un recipiente lleno de agua, escuchaba a un atento ejecutivo preguntar: “y podría mojarse en una piscina llena de agua semisalada”. Ante la tensión acumulada por experimento y la pregunta gilipollesca he soltado una sonora carcajada; la azafata ha guardado la compostura y ha respondido: “No sé Señor, eso tendría usted que probarlo y observarlo”.

Hoy he descubierto otro de los que el libro El Principio de Peter llama “mi nivel de incompetencia”: no serviría para azafata de congresos.

La noticia más leída hoy en el diario El Mundo es: “Arrestos, descuidos, resacas”.

Ese es otro “nivel de incompetencia” de muchos de nosotros, el de ser estrella de Hollywood ¿o alguien sería capaz de llevar el escote de Jennifer López y que no se le saliera hasta el alma?

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Arrestos, descuidos, resacas”.

  1. José Luis dijo:

    Todos iguales, todos diferentes. Nadie puede ser al cien por cien multitarea, y esto se plasma también en lo que se viene afirmando sobre lo que es nuestro “nivel de incompetencia”.
    No todos servimos para lo mismo, ni nos gusta. Bien, ningún problema.
    Yo mismo, por ejemplo, me considero total y felizmente incompetente para la actividad política profesional, porque entre algunas otras razones estimo que hace falta un estómago que disto mucho de poseer.

    El planteamiento, admitido lo que se expone, viene por otro lado. El verdadero desencuentro y la frustración llegan cuando esa incompetencia, y a un nivel bastante básico, se manifiesta y se plasma en lo que se supone que es nuestro campo, nuestra actividad profesional.
    Cuando los más básicos y mínimos requerimientos para el desempeño de la que es nuestra función caen en semejante esfera -la de la incompetencia- difícilmente puede alcanzarse no ya el éxito, sino tan siquiera la capacidad para desarrollar un papel digno en el ámbito en que nos movamos.
    La incompetencia por diferencia de interés y lejanía de campo es perfectamente natural; la que se muestra por indiferencia en nuestras motivaciones o indolencia en nuestros acto y está centrada en nuestra actividad profesional tiene otro nombre: se llama mediocridad, y conduce, directamente, al fracaso.

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