“El PP no aguanta más y quiere la cabeza de Fran Llorente: “Nos da más caña que El País”.”


Estaba en una cafetería cuando un tipo, perdiendo los papeles, intentaba alagar a su acompañante, una joven de 20 años menos. En uno de sus patéticos y afectados intentos, el galán le ha tirado encima la taza entera de café.

La muchacha, discreta y educada, le ha quitado importancia mientras Ramón, el camarero de la cafetería, me decía muerto de la risa: “Pobrecilla, la ha dejado como para mojar una magdalena encima.”

Hoy la noticia más leída en El Confidencial es: “El PP no aguanta más y quiere la cabeza de Fran Llorente: “Nos da más caña que El País”.”

De la misma manera que la sufrida muchacha soportó estoicamente un café hirviendo sobre sus pantalones, los profesionales de los informativos de TVE parecían soportar el trabajar siendo observados con lupa. Un ejercicio tan complejo que se tornará imposible. Quizás más que café en este caso es ácido y la magdalena no aparece por ningún sitio.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El PP no aguanta más y quiere la cabeza de Fran Llorente: “Nos da más caña que El País”.”

  1. José Luis dijo:

    El precio de la objetividad, en la práctica totalidad de los medios, es la presión soportada y sufrida. En muchos casos la factura se muestra demasiado elevada y la cola del paro es el destino de quienes se empeñan en pensar por su cuenta.
    . La ideología y la linea editorial no sólo marcan, sino que implican demasiado, y si hablamos de medios “públicos” estas circunstancias se agudizan por el férreo control que los políticos y sus adláteres aplican al tratamiento de las noticias y por lo cambiante y escorada hacia el gobierno de turno que desean que resulte la imagen que se proyecta de su gestión.

    La información, desde el poder se desea halago y panegírico, apología incondicional; desde la oposición crítica y denuesto, y cuanto más ácido y contundente tanto mejor.
    Pero la información no puede plegarse ni a unos ni a otros, y lo deseable es que constituya una visión desapasionada sobre la realidad.

    Un informador, un comunicador no es un ser axesuado como un ángel, e ideológicamente tiene sus tendencias, sus gustos y, por qué no, sus perversiones. Pero siendo un profesional tendrá un exquisito cuidado para no permitir que lo que pueda ser “su opinión” contamine en exceso la actividad de información a la que se debe.
    Cada cual tiene su punto de vista, es lógico recogerlo y admitirlo, pero cuando nuestros ojos y nuestras palabras están llamados a ser la visión y la etiqueta que muchos apliquen, el separar información objetiva de la lícita opinión desde la subjetividad es una delgada línea roja que, a pesar de todo, debe quedar nítidamente marcada.

    Difícil equilibrio el que se pide, demasiada entereza profesiona y ética ha de tener quien se mueve en este siempre difícil campo de transmitir la noticia e influir en la opinión. No bastan, por lo que la entrada de hoy pone de manifiesto, con lo que puedan ser sus propios límites, sino que a ellos se suman, indefectiblemente, los condicionantes de quienes en la noticia ven instrumento de propaganda o de acoso y derribo, de todos aquellos que colocan por encima sus intereses y tratan de acotar limitándolo el ejercicio de formación de la propia opinión. No interesa la noticia, lo que pueda haber en ella de realidad, sino el efecto que ha de tener sobre la opinión pública y que sea un vehículo para la difusión de la propia ideología.

    En este país, insistiré en ello una vez más, se echan de menos tanto un código deontológico para la profesión como un estatuto que permita la independencia del informador respecto al poder de turno.
    El que todo tenga que quedar al albur del talante de quienes nos gobiernan y a la cantidad de presión capaz de ser soportada por el informador no parece la más deseable de las situaciones.

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