“Diez fueron diez las plagas que terminaron con Spanair.”


Pocas veces una causa es el único motivo  de un desenlace. Es necesario que se den cita varias lamentables casualidades para acabar llegando a una situación indeseada. Pasa casi siempre ante la fatalidad: puntos de inflexión decisivos que se pasan por alto, alarmas que se disparan sin que nadie las oiga, indicios no tenidos en cuenta por descuido o absoluto desinterés.

Cuando llega el momento definitivo se tiene la tentación de apuntar a un solo causante, normalmente el que más nos favorece o el que mejor nos libra de toda responsabilidad. O bien recurrimos a la divina providencia: el “Dios lo ha querido así” que asevera con poca fe y mucha sorna mi vecino del primero.

Hoy la noticia más leída en El Confidencial es: “Diez fueron diez las plagas que terminaron con Spanair.”

A ver si al final el que va a tener razón es mi otro vecino, el del segundo, cuando dice: “Entre todos la mataron y ella sola se murió.”

Tirar balones fuera y la resignación no nos evitarán pisar sobre nuestros  pasos, mejor será que analicemos causas y efectos si no queremos seguir cerrando empresas que pudieron ser grandes y que han acabado convertidas en ruina privada y pública.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Diez fueron diez las plagas que terminaron con Spanair.”

  1. Vicente Romero dijo:

    La posibilidad de resumir los hechos imputándolos a una sola causa desencadenante es, siempre, una tentación para la mente y para la conciencia.
    El buscar este atajo de la lógica tiene la supuesta ventaja de simplificar las cosas y economizar un análisis en profundidad. Pero he afirmado que “supuesta” porque en realidad es más bien un inconveniente, una especie de pecado por omisión de naturaleza intelectual que suele pasarnos factura.
    Los errores son humanos, y nadie está libre de caer en ellos, pero si algo tienen de positivos es que nos permiten, mediante la reflexión, ir aprendiendo, mejorando, creciendo tanto en determinación como en capacidad. Sin un análisis objetivo, consecuente y que abarque la totalidad de las facetas para colocarlas bajo la lupa de nuestro conocimiento, nada de esto sucede; de seguir otros derroteros tal vez nos estemos condenando a repetirlos una y otra vez.

    Tras el derrumbe de Spanair, como se apunta, hay al menos diez causas sustantivas, quién sabe si algunas más; pero lo que ahora importa es el constatar que prácticamente todas, cuando fueron señal de alarma, testigo-chivato de disfunción estructural hasta el punto de comprometer la viabilidad de la compañía, tal vez no fueron debidamente atendidas.
    No diré que fuese fácil poner remedio a semejante cúmulo de contrariedades sobrevenidas y fallos de planteamiento; tampoco puede afirmarse que hubiese podido evitarse este final; pero lo que no puede admitirse es el colofón que se está utilizando como cierre, la simplificación y el conformismo fatalista que parece haber sido previsto por casi todos cuantos ahora opinan. No es tan sencillo, y sobre todo no resultará útil conducirse de este modo.No hay un único motivo, sino una conjunción de todos ellos que hacía que los problemas se multiplicasen.

    La dura lección que ha supuesto la desaparición de esta aerolínea debiera ser, a su vez, una llamada de atención para todas las que todavía tienen en el aire su futuro y sus proyectos. Simplemente no estaría de más el aprender escarmentando en cabeza ajena.
    El analizar las condiciones siempre cambiantes del mercado, el contemplar las opciones para solucionar los problemas a medida que se presentan, es una obligación que no puede ignorarse ni posponerse.
    Un negocio es, al tiempo que una apuesta de futuro, un riesgo controlado; y en esa condición de controlado es dónde debe cargarse el acento.
    Previsiones objetivas, una gestión adecuada y la decidida voluntad de adaptarse a las características del mercado, son una permanente y obligada referencia.
    Los sueños son necesarios para el progreso y son ellos quienes preceden a la realidad. Pero incluso para soñar hace falta tocar tierra por muy de altos vuelos que puedan ser los proyectos imaginados.

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