“El concursante que perdió 5000 euros por culpa de Remedios Cervantes volverá a participar.”


¿Qué elemento diluido en agua es conductor de la electricidad, la sal o el azúcar? Dan ganas de decir el azúcar para ver la cara de guasa de los amigos, dan ganas, y Remedios Cervantes lo dijo, en la televisión y delante de toda España.

La incultura, igual que la sabiduría o la estupidez, tiene las patas cortas y se evidencia sin dejar lugar a dudas.

El patinazo de Remedios hubiera pasado inadvertido,  barrabasadas más espectaculares hemos visto en la tele y hay quien ni se ha enterado, de no ser porque hizo perder a un concursante 5000 euros.

La noticia más leída hoy en el diario El Mundo es: “El concursante que perdió 5000 euros por culpa de Remedios Cervantes volverá a participar.”

Hay que “dar bien” para salir en la televisión pero, de la misma manera que no sería tertuliado de Sálvame un catedrático jorobado, la belleza sin la comparsa de la inteligencia no es excusa suficiente para acudir a un programa en el que se presuponen unos mínimos culturales.

La guapura puede hasta con la inteligencia, pero sólo si la incultura no se pone en jarras; cuando eso sucede, la metedura de pata eclipsa incluso al más exuberante escote.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El concursante que perdió 5000 euros por culpa de Remedios Cervantes volverá a participar.”

  1. Paco Pomar dijo:

    No todo el mundo puede ser (ni debe) ingeniero de caminos, o teleco, o un Einstein en potencia; sobre esto no hay duda.
    También es cierto que en ese encadenar opciones que es la vida de cada cual los caminos que unos y otros seguimos son notablemente diferentes; y no creo tampoco que sea ningún problema.
    Dejemos dicho por último que todos nosotros, del primero al último, somos felizmente humanos y por esto mismo falibles y limitados.
    Resumiendo: hay de todo, y es bueno, y está bien.
    La cuestión, porque haberla hayla, está en otra esfera. Todo el mundo es capaz de ser señor de sus virtudes, procónsul de sus habilidades y propagandista de sus puntos fuertes… pero también todo el mundo -y aquí es donde más fallamos- debiera ser celoso notario de sus carencias, prudente administrador de sus silencios ante los temas que no conoce y lo suficientemente modesto como para conocer su nivel de incompetencia y declinar opinión y actuación cuando éste se ha rebasado.

    El tener unas medidas de 90-60-90 no convierte a una chica en Hipatia de Alejandría, el éxito en los negocios y haber sido tocado por la fortuna tampoco hace que Perico González, o López, o Pérez sea un crack en todos los campos de la ciencia… y el tener 5 títulos universitarios tampoco es garantía de que una persona sea sensata ni buena de necesidad.
    La verdadera inteligencia, la práctica, la vital, no reside tanto en lo que midan los test, o lo bien que “se dé” ante una cámara, o en una abultada cuenta bancaria, sino en la actitud y en el saber ser, estar y hacer… o no hacer.

    La fama es en sí algo parecido a una varita mágica que abre numerosas puertas y hace acopio de oportunidades para aquel a quien toca… pero no puede obrar milagros ni actúa en todos los terrenos; y esto, precisamente, es lo que a menudo parece que se nos olvida.

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