“A Carlos Fabra le vuelve a tocar la lotería.”


La suerte se esconde detrás de las esquinas: al girar despreocupados nos saluda y nos besa apasionadamente en los labios. Cuando eso sucede nos sentimos los más dichosos del mundo porque sabemos que nos está pasando algo singular, un hecho que no todo el mundo puede disfrutar.

Más que la exclusividad del acontecimiento, lo que celebramos es la solución al problema, el regalo inesperado, la consecución del objetivo.

A veces la suerte se resiste. Vive encerrada en una cámara acorazada inquebrantable y nos desesperamos pensando que jamás lograremos verla de frente. No es así.

La noticia más leída hoy en el diario Público es: “A Carlos Fabra le vuelve a tocar la lotería.”

La realidad demuestra que todo puede pasar: lo posible y lo improbable, también lo imposible, pero cuando lo difícil siempre le suceda a quien lo tiene más fácil, la suerte huele a chamusquina.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “A Carlos Fabra le vuelve a tocar la lotería.”

  1. Paco Cifuentes dijo:

    Suerte, ¿pero es esto tan sólo?. No digo que sea, faltaría más, pero por todos es conocido el efecto “lejía y blanco nuclear” que puede tener la lotería, que esa cualidad de no tener que justificar ni declarar los ingresos procedentes de la misma… pues resultan ser un buen negocio (mejor jugada) para casi todos: el que “vende” en décimo agraciado porque percibe más que si lo presentase al cobro por los canales corrientes; el que “compra” porque por un porcentaje más o menos asequible (cual si de una letra presentada al descuento en el banco se tratase) consigue -muchas veces- justificar lo injustificable, poder sacar a la luz y blanco como la nieve, ese caudal de negro que le tenía insomne. Pero he dicho “casi todos”, porque fuera, evidentemente, queda Hacienda (que somos todos), y un par de señoras venidas a menos que responden al nombre de Justicia y Honradez… con perjuicio irrogado a otra llamada Igualdad…
    Me apuesto con quien sea que el bueno de Carlos III cuando puso en marcha el tinglado no pudo llegar a imaginar semejantes utilidades para el invento, Vivir para ver, y la vida -cantaba Marisol- es una tómbola… una en la que siempre sale la papeleta de los mismos.

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