“El conde de Fondao, asesor jurídico del Rey, a Urdangarín: Ni se os ocurra venir en Navidad.”


Vuelve el hijo pródigo, el cuñado chistoso, las risas, los niños felices, las compras, las luces psicodélicas, la cabalgata de los Reyes Magos, la cenita de empresa.

Vuelve la escapada de fin de año, las uvas, el programa de Nochebuena, la yaya con su calceta, el pesebre.

Vuelven los villancicos, los adornos en la puerta, los buenos propósitos, el árbol.

Vuelve la huelga en los aeropuertos, el tapón de cava en la pared, la añoranza en el corazón.

Vuelve la pava, los primos del pueblo, el aguinaldo, las ganas de compartir, el cotillón.

Incluso vuelve El Almendro, pero no vuelve el yerno.

Hoy la noticia más leída de El Confidencial es: “El conde de Fondao, asesor jurídico del Rey, a Urdangarín: Ni se os ocurra venir en Navidad.”

Mejor así; los jueces tal vez  no lleguen a juzgarle nunca o se tomen su tiempo para hacerlo, pero en este país ya tenemos veredicto. El último en hacerlo público es el Museo de Cera de Madrid, donde se le ha excluido de la familia real, colocándole en la sección de deportes. Un traslado de unos minutos y pocos metros en el que ha pasado de noble a plebeyo.

Alea iacta est: a la presunción de inocencia también le hemos cambiado el traje por un pullover. A este paso la dejamos en bolas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “El conde de Fondao, asesor jurídico del Rey, a Urdangarín: Ni se os ocurra venir en Navidad.”

  1. Marcos Laplana dijo:

    Un duque bajo sospecha, un conde que por elevado designio y encargo le aconseja y asesora aunque lo niegue, la corona que no entra pero se percibe al fondo de la escena…
    Uno no sabe si está siguiendo las noticias o leyendo uno de los relatos de Dumas. Aquí no hay herretes de diamantes, bien es cierto, pero… sobradamente se podrían haber costeado con las cantidades que hay en danza.
    No se trata de si viene o no por Navidad, ni tampoco es que los hechos -en sí- tengan que ser una “cuestión de estado”. Lo que verdaderamente llama la atención, al menos a mí y de entrada, es la diferente manera de gestionar las cosas, de tratar el problema. Consejos y puentes de plata, exilios dorados y remunerados, silencios oportunos y gestos adecuados. No es dejar de lado la presunción de inocencia, que al señor duque -como a todo ciudadano noble o plebeyo ampara- pero no creo que éste sea el tratamiento normal para todos quienes se han visto en situaciones parecidas.
    Por eso, y pensando en lo que la decencia y la justicia propugnan, las intrigas de corte, los pasadizos secretos que permiten esfumarse oportunamente, los privilegios y las incondicionales lealtades que por salvar el buen nombre del señor sacrifican lo que sea… están bien, pero sólo en la Francia dieciochesca que tan magistralmente pintase Dumas en sus historias de mosqueteros.

    • Tudi Martín dijo:

      Decencia y justicia; complejas de ver por separado y escasísimas juntas. Excelente comentario amigo Marcos, gracias por pasearte por este blog y Feliz Navidad.

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