“Google castellaniza el nombre de las calles de toda Catalunya”.


En Catalunya tenemos nuestros puntos. Algunos son de lo más evidentes: por lo general somos directos, amigos de nuestros amigos… pero también hay puntos ocultos. Entre los más complicados de encontrar está este: “·”.

Parece una tontería, una ocurrencia sobrevenida del madrugón dominical, pero no es así: ese punto puede complicarle la vida a más de uno.

Recuerdo el día en que una amiga de Madrid me llamó muy preocupada porque necesitaba reservar en un hotel de la Avenida Paral·lel y no encontraba “el puntito catalán”. En aquel momento andábamos inmersos en el referéndum del Estatut y algunos políticos recorrían Andalucía para azuzar los ánimos: “no me extraña que Rosita no nos encuentre el punto con lo que nos están echando encima”, pensé, hasta que me di cuenta de que me hablaba de un signo ortográfico.

La noticia más leída hoy en La Vanguardia es: “Google castellaniza el nombre de las calles de toda Catalunya”.

Nuestro puntito lleva toda la vida con nosotros pero, a fuerza de traducir, hay quien no lo conoce. Que el buscador más importante del mundo, en su afán globalizador, no atienda a lo local es error.

Los “periféricos” somos más pequeños, pero no somos tontos: es así como acabamos desarrollando nuestras propias herramientas para cubrir unas necesidades que los “grandes” no saben identificar y satisfacer.

Falta de visión de futuro, además de desternillante ver la Ronda de Dalt convertida en “Ronda de Arriba”

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Google castellaniza el nombre de las calles de toda Catalunya”.

  1. José Luis dijo:

    Lo del café para todos nunca lo he entendido, ni tampoco el trágala obligatorio. Parece que algunos siguen confundiendo la igualdad con el igualitarismo uniformista e impuesto desde arriba para más inri.
    Cuando se pretende y se pregona la convivencia, si lo que se busca es la armonía, no queda más camino que el del respeto; y éste comienza por reconocer, valorar y admitir esas diferencias que nos hacen, a cada cual, ser lo que somos.
    La igualdad no está en el rebaño anónimo, sino en el trato exquisitamente deparado a todas y cada una de las singularidades que nos hacen únicos, desde la justicia y el respeto, desde la convicción y la práxis; un respeto profundo y básico por lo que cada uno es desde la convicción de que esta pluralidad nos enriquece. Admitido éste que pudiera ser axioma de educación social constructiva, el pretender reducirlo todo a nuestra visión, a nuestro lenguaje, a nuestro propio modelo, no es sino el más garrafal de los errores: ni todo el monte es orégano, ni todo potaje ha de ser cocido madrileño… dicho sea por poner un ejemplo.
    La globalidad debe ser para conocer, para compartir, para valorar… en absoluto para simplificar, para uniformar, para anular.

  2. Jaume Ferré i Anglesola dijo:

    A menudo se nos ha criticado por cargar las tintas en el “hecho diferencial”, y no digo que algunos políticos de barretina y sardana indigestadas no hayan postulado el uso y el abuso del término, bien sea por simple interés o por estulticia; pero no es menos cierto que tal vez hayan encontrado el campo abonado, porque la diferencia, cuando es asumida, respetada y admitida no sirve nunca como bandera de combate.
    Por eso, cuando los ánimos se crispan y se percibe un cierto toque de a rebato en determinados momentos, éste es frecuentemente motivado por una serie de ataques tan ciegos como ilógicos, viscerales e irracionales, que son a su vez, con toda seguridad, también hijos y tributarios de pareja imbecilidad u otros intereses inconfesables mantenidos desde el otro lado.

    Todos los tiranos del mundo saben que para someter a su pueblo y unirlo bajo su férula una receta que nunca falla es buscar -inventar llegado el caso- un enemigo exterior. Pues bien, si la fórmula se muestra así de eficaz es porque entronca con lo que es el alma de los pueblos, porque apela a la defensa de lo que sea su propia esencia.
    Por esto mismo, y también por plantear las situaciones desde la más pura honestidad e inteligencia, todos debiéramos tener un especial cuidado al caminar, -y más si pretendemos hacerlo juntos- para no ir pisando gratuitamente los callos de nadie.

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