“Aumenta en Japón el número de hombres herbívoros que rechazan sexo y pareja”.


Este mediodía he ido a comprar el pan: no había. La panadera explicaba sorprendida que era el primer fin de semana del año en que se le acababan las barras, cuando la previsión era que en pleno puente le sobraran.

Rápidamente he extraído dos conclusiones, una obvia: ¡pues sí que nos gusta el pan!, y otra más reposada: se nos nota la crisis hasta en los andares.

Sigo paseando por el centro de la ciudad y leo en una cafetería reputada: “Menú ejecutivo: bocadillo, refresco, café”. Normal que se acabe el pan, los pobres yuppies se lo están comiendo todo.

La noticia más leída hoy en La Vanguardia es: “Aumenta en Japón el número de hombres herbívoros que rechazan sexo y pareja”.

Compramos coches japoneses, leemos manga y comemos sushi (y pan) pero pase lo que pase,  algo nos continuará diferenciando de Japón y es que siempre nos seguirá gustando la carne y el pescado. La consideración de “herbívoro”, mejor dejársela a las vacas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Aumenta en Japón el número de hombres herbívoros que rechazan sexo y pareja”.

  1. Néstor Agudo dijo:

    Japón, un país que muchas veces me ha parecido admirable, todo un ejemplo: civismo hasta enmedio de las peores catástrofes, espiritualidad y educación exquisita en la cresta de la modernidad y el progreso, capacidad de innovar más allá de lo imaginable y ese espíritu que nunca se doblega y busca soluciones donde otros tirarían la toalla y proferirían oscuros juramentos entre dientes.
    Pero esta vez no; lo siento, pero no.

    Junto a todas esas indiscutibles virtudes el país del sol naciente tenía y tiene también sus sombras: cierto ambiente de febril termitero, poderosas corporaciones empresariales que prácticamente anulan a la persona diluyéndola en unas empresas que son y pesan más que la propia familia, el trabajo elevado a mucho más que ocupación -a total e incondicionada virtud-rozando la exclusividad en el alma japonesa… y ahora esto.
    Demasiado ya, inasumible.

    No tienen, buscan ni quieren pareja. El sexo ha bajado en la escala de prioridades hasta desaparecer. Ni el trabajo les motiva ya, simplemente lo hacen, pero diríase que de trámite lejos de esa entrega que ha caracterizado a estos chicos y chicas de ojos rasgados que las huelgas las llevan a cabo doblando o triplicando turnos y producción.
    No sé, a pesar de los motivos y razones apuntados en la noticia presentada, a qué achacar este fenómeno. Lo cierto es que no hay muchas posibles razones: o bien este “hombre herbívoro” viene a ser la consagración del modelo – trabajar, comer, dormir y poco más como los bueyes- o bien es una manera de “protesta” contra el sistema establecido -pero entonces ¡qué mal enfocado, qué peculiar la manera!- y no dan con la clave del asunto, que la parcela de individualismo que tal vez se reivindica debiera tener otra expresión, plasmarse de otro modo.

    No es que ninguna japonesa haya quemado su sujetador, tampoco que ningún nipón haya reivindicado su lugar bajo el sol sin tener encima el correspondiente logo corporativo. No, no es esto, que podría entenderse en todo caso. Lo que se apunta, según se mire, viene a ser una total sumisión en realidad, un reducir la vida propia a mera actividad vegetativa… eso sí, buscando algunas “satisfacciones de alcance corto e inmediatez garantizada”: ropa, cuidado personal, comodidad a toda costa y rechazo de toda posible fuente de complicaciones… ¿somos conscientes de que precisamente de las “complicaciones”, las elegidas, las bien gestionadas, las superadas y vencidas nacen las satisfacciones?
    Vegetar, vivir la vida sin llenarla, simplemente contar días y sumar años, sobrevivir sin pena ni gloria. Tal vez a algunos de estos herbívoros les seduzca la postura… pero aseguro que a mí no me convence en absoluto.
    El fenómeno da que pensar, y haciéndolo uno recuerda que, junto al sol naciente, el otro gran símbolo nacional japonés es, por lo que sea, el Kikukamonshō, el crisantemo… va a ser eso.

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