“Una profesora entrega un pendrive con un video pornográfico a sus alumnos.”


Esta mañana me he equivocado y he echado Cola-Cao pensando que me estaba preparando un Nescafé.

Oíamos hoy a Cospedal silabeando cual rapero: “Es-to-no-i-ba-a-ser-fá-cil”. Una de dos: cree que tenemos algún problema de comprensión o antes no lo dijo con la suficiente claridad. Quizás estemos ante otra equivocación.

Leemos también cómo la ingeniería financiera de Nóos permitió presuntamente a Urdangarín pagar menos impuestos. No nos pongamos en lo peor, seguro que el asuntillo del yerno del Rey será otra equivocación; en lo que no ha errado es en irse a vivir en EEUU. Menuda vida le estarían dando aquí los paparazzi por muy miembro de la Familia Real que sea.

Evidentemente hoy es el día de las meteduras de pata, basta con leer la noticia más leída en el diario ABC: “Una profesora entrega un pendrive con un video pornográfico a sus alumnos.” La pobre mujer creyó que les estaba facilitando material didáctico y les distribuyó una película protagonizada por ella misma.

De igual manera que hay contradicciones y patinazos sin importancia, existen mentiras y errores con consecuencias muy serias: pudieran parecer lo mismo, pero los primeros se perdonan y los segundos no se olvidan. Lo de mi desayuno: peccata minuta.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Una profesora entrega un pendrive con un video pornográfico a sus alumnos.”

  1. Daniel Agudo dijo:

    “Errare humanum est”, el error, la equivocación, son humanos. Indiscutible, porque, a ver: que levante la mano aquel que no se haya equivocado alguna vez. Vale, estaba cantado, se sabía de antemano: todos lo hemos hecho… y no una sola vez.
    Pero dicho esto, sentado el principio de que todo el mundo se equivoca, hemos de entrar al análisis del origen y el alcance del error cometido.
    En primer lugar, obvio es señalarlo, hay errores que por su naturaleza insustancial son, de entrada, perfectamente admisibles, irrelevantes. Por el contrario, y aún siendo hechos carentes de intencionalidad, los hay que por su trascendencia, por los efectos producidos, merecen ser contemplados desde la perspectiva de la “responsabilidad objetiva”; es decir, aquella que se centra en la reparación del daño causado sin entrar al análisis (ni penalizar) la intencionalidad del causante. Se ha metido la pata, aún sin quererlo, luego debe asumirse la responsabilidad correspondiente y procederse a restituir o compensar el daño que se ha derivado de nuestra acción
    En segundo lugar, y entrando ahora en el terreno siempre deslizante de la intencionalidad, lo cierto es que “la equivocación” no es una eximente ni una justificación que pueda ampararlo todo. No es admisible que imputemos a un error lo que ha sido -en origen- un acto completamente consciente y por supuesto intencional. Se trata de “descargar” en parte la responsabilidad tratando de alegar desconocimiento del alcance de lo llevado a cabo. Sería tratar de tender una cortina de humo que desdibujase la realidad de los hechos, que tratase de camuflar esa intencionalidad o dolo en las acciones realizadas.

    Uno puede equivocarse por muchísimas razones: falta de información y preparación en un tema; por no conceder importancia a un hecho que se califica de “irrelevante” y que se centra en acciones habituales, accesorias, intrascendentes; por la propia urgencia ante un hecho que nos sale en “automático” y al que no se le presta mayor atención…
    Pero creo que no es el caso. Nadie duda de lo asesorados, estudiados y reflexionados de muchos actos que, una vez puestos bajo la luz y siendo acreedores de un más que merecido reproche, intentan colarnos como simples “equivocaciones”. Los miles de euros gastados tanto en la propia formación como en las magras nóminas de tantos y tantos sesudos asesores, no permiten tal recurso: no hay más equivocación que la que se desprende del haber pensado que iba a colar, que nadie repararía en lo “inteligentes” que somos y que nuestro jugar con ventaja iba a producir el efecto perseguido.
    A veces, como creo que puede ser el caso, la inteligencia de uno que alimenta su ego junto con la posición que se ocupa, lleva a creer que se es intocable… pero el Estado de Derecho se basa precisamente en lo contrario: todos, absolutamente todos, somos iguales ante la Ley.
    No ha sido así, no ha colado… pues que cada palo aguante su vela, que los responsables asuman, de principio a fin, todas las consecuencias.

  2. Mariano Verges dijo:

    Más de lo mismo: errores que no lo son, equivocaciones como razón justificante de hechos y situaciones inadmisibles.
    Pero no es así: cuando la economía se coloca sobre la dignidad humana, cuando quienes quedan atrapados por los engranajes del mercado como si éste fuese una máquina trituradora, no hay recurso a la equivocación. Sucede a la vista de todos… y se tolera.

    . Una de tus entradas de twitter me ha hecho reflexionar: “No son excepción, sólo son los más frágiles: los sintecho son personas que han quedado excluidas y es obligación nuestra dignificarles”.
    Unos dirán que es algo que puede suceder, y ha sucedido, como si fuese algo irremediable. Otros, tal vez, cargarán las tintas sobre la cuota de protagonismo y responsabilidad que corresponde a quienes se encuentran en tal situación; por último, los cínicos, aquellos que dirán que “es lamentable, pero es uno de los `fallos del sistema´.
    Pues creo que no, que no hay nada de esto. Ni se trata de algo que deba suceder necesariamente, y desde luego no sólo se puede evitar, sino que se debiera hacerlo; tampoco creo que en todos los casos y con este alcance pueda atribuirse la responsabilidad a los perjudicados: no han decidido sobre el euribor, ni han tramitado su propio ERE, ni tienen linea directa con las todopoderosas agencias de calificación y demás gurús de la perversión de la economía, Para concluir, está claro que tampoco se trata de un “error” del sistema, sino de una especie de perversa premisa del mismo: el liberalismo económico, aplicado tal cual, sin correctores sociales ni límites éticos, no puede conducir sino a la miseria necesaria de unos para mayor lucro de los de siempre.
    El interés, el beneficio, el dividendo por encima y delante de las personas, de la dignidad, de las necesidades básicas… y todo ello en una época en la que las conquistas sociales y la solidaridad parecen fuera de toda duda, en la que la palabra “progreso” debiera brillar con todo su esplendor.
    A veces, leyendo estas cosas, uno piensa que no es un error del sistema, sino que el error es el sistema.

    • Tudi Martín dijo:

      La comprensión debería estar asegurada ante cualquier situación, pero ciertamente Mariano: hay errores inadmisibles. También imperdonables.

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