“La Noria se queda sin anunciantes”.


Es detestable el espectáculo que a menudo presenciamos en el salón de nuestra casa: nosotros que recibimos una educación de la que siempre nos hemos sentido orgullosos, nosotros que nacimos en familias respetables.

Nos sentamos apaciblemente en nuestro sillón y empiezan a volar cuchillos, gritos de insulto, malos modos. ¡Qué bochorno!, debería decir, pero nos gusta; no nos hagamos los estrechos.

Justo ahora que no nos ven y nadie sabe lo que miramos, en el mismísimo instante en el que mañana diremos que hemos estado disfrutando de La Noche Temática de La 2, presenciaremos en directo la apertura de una casquería que ni la del mercado municipal.

A la mañana siguiente quedará echarse las manos a la cabeza porque así lo dictan los de lo políticamente correcto. Pero no nos engañemos: somos los que cebamos los índices de audiencia.

Somos nosotros los que posibilitamos que existan los programas del corazón, que cuestan un riñón y que nos revuelven las tripas. Somos nosotros los auténticos dueños de la casquería. Menudo asco.

La noticia más leída hoy en el diario El País es: “La Noria se queda sin anunciantes”.

Digo con orgullo que no sé la cara que tiene la pobre madre del Cuco y digo “pobre” porque bastante tiene con lo que tiene, que ya es demasiado. No la vi.

Igualmente aseguro convencida y sin vergüenza (separado por favor) que cosas peores se han visto en ese rectángulo omnipresente que preside nuestro salón y nadie dijo absolutamente nada. Seguramente estábamos viendo todos los documentales de La 2.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “La Noria se queda sin anunciantes”.

  1. Javier Montes dijo:

    No entraré en el análisis de la manifiesta hipocresía que supone el que todo el mundo “esté viendo la 2” mientras emiten “la Noria” y en consecuencia, ante un comentario “siempre ajeno, pescado por ahí, o que `alguién´ nos ha hecho llegar nos rasguemos las vesitiduras”… y no lo haré aunque, se lo aseguro, hay materia, porque como bien se apunta los índices son los que son y los marcamos entre todos.
    Lo que pretendo ahora es incidir sobre un aspecto concreto: se dice que a uno se le puede conocer -bastante bien- por sus gustos, por sus aficiones y pasiones; que uno se dibuja en sus sueños y se retrata en sus actos. Pues bien, no hay mucho más que añadir. Está claro que somos una sociedad en la que el escándalo, el acoso y derribo, la intromisión expectante (más bien que positiva) son la tónica.
    Devoramos banalidad, nos cebamos el alma con la desgracia y dificultades ajenas, aguardamos las pequeñas catástrofes que destruyen o marcan la existencia de los demás. Preferimos, por goleada, el ruido a las nueces… porque una buena escandalera siempre es amena, y lo es independientemente de que el tema que la genera sea verdad o no; porque la “normalidad” de nuestras vidas parece depender del contraste con la tribulación y fanfarria que cada día llega a nuestras casas protagonizada por notorios personajes (y no tanto, que últimamente proliferan, se crean y surgen de los rincones más insospechados).
    Hace años, un sociólogo algo ecologista (de los de verdad) afirmaba que se nos conocerá por “la generación de la basura”, dado el poco cuidado y consideración que tenemos en la explotación de los recursos del planeta y la gestión de los residuos. Está claro que tenía razón, y la tiene más allá de lo que tal vez él mismo llegase a sospechar: no sólo vivimos entre basura, sino que también, piénsenlo bien, como inconscientes y satisfechos seres saprófitos (del griego σαπρος, saprós, “podrido” y φυτος fitos, “planta”) nos nutrimos de ella.
    Vegetamos y medramos entre los detritus, “cuanto peor,mejor” parece, también en la íntima comodidad de nuestras casas, nuestro lema.

    • Tudi Martín dijo:

      Gracias por tu comentario; jamás podría haberlo escrito tan bien como tú, aunque me hubiera gustado haberlo hecho 😉 Un abrazo y hasta pronto.

  2. Txema Albert dijo:

    Yo espero el día en que los anunciantes se queden sin La Noria.
    No lo verán mis ojos…

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