“Pekín Express: Un alto en el camino para salvar una vida”.


Cuando lo normal se torna excepcional me da por pensar que la mayoría hemos estudiado en escuelas diferentes a las de los editores de periódicos.

Diferente gracias a ti.

Hoy la noticia más leída en el diario El Mundo es: “Pekín Express: Un alto en el camino para salvar una vida”.

Menuda estupidez. No se me ocurre ser tan zafio que fuera incapaz de hacer una parada para salvar una vida. Todavía más si la excusa para seguir la ruta sin escala fuera ganar en un programa de televisión.

Dejar de salvar una vida es tanto como morir uno mismo súbitamente; imposible volver a mirarse al espejo si supiéramos que alguien podría seguir en este mundo gracias a nosotros y no haberlo hecho.

Se eleva a los altares a los que se les presenta la prodigiosa oportunidad de ayudar de manera tan sublime al prójimo, cuando realmente el que ha sido tocado por la mayor de las suertes es el que puede transformarse en un ser excepcional devolviendo la vida.

Cuántas veces hemos creído ayudar a alguien que, aún sin saberlo, nos está regalando ser mejores, haciendo lo único que nos convierte en diferentes a todos los demás.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Pekín Express: Un alto en el camino para salvar una vida”.

  1. Cristina Lafarga dijo:

    “Siempre te he pagado las facturas”, “soy amiga de mis amigos”, “trato de ser respetuosa con los demás y me gusta que me respeten”… y muchas más del corte y estilo, que seguro que la lista de obviedades y verdades de Pero Grullo podríamos hacerla eterna entre todos.
    Cuando lo que debiera ser básico se reputa de excepcional, se pregona y nos llama la atención, es que algo se ha perdido por el camino. No sabría decir ni cómo, ni dónde, ni cuándo… pero se ha perdido.
    Vivimos tan pendientes de nuestro propio ombligo, tan sumidos en el universo de nuestro ego que los demás son sólo una sombra. Una sombra en las miras de nuestro fusil demasiadas veces… o una sombra que se desliza anónima e intrascendente a nuestro lado en el mejor de los casos. Tal vez nos falte reparar en que, tristemente, nosotros también somos esa misma sombra en la mira ajena o deslizándonos al lado de otro.
    Nos falta claramente humanidad, la alteridad es sólo un concepto, nada real. Nos parece digno de resaltarse cualquier gesto que para nuestros abuelos era lo más natural del mundo, algo habitual. En la búsqueda de la afirmación personal parece que hemos perdido otros valores, valores que son básicos para vivir y convivir.
    Nadie quiere una sociedad de borregos, ni de termitas… pero tampoco me parece deseable un archipiélago humano sin puentes ni conexión alguna, un universo de islas que, estando en el mismo océano, se ignoran, se desconocen, se sumen cada vez más en una soledad que niega su propia esencia.
    El tener presentes a eso que se viene llamando “los demás”, el ser conscientes de que también nosotros lo somos ante otros, es algo que no debiera quedar relegado a la categoría de lo excepcional.

  2. Ricardo López Agudo dijo:

    “Tomo nota para que no vuelva a suceder”, “lo tendremos en cuenta”.
    Acabo de leer tu “tweet”, y me suena demasiado familiar, por desgracia es algo que se da como única respuesta a un patinazo descomunal la mayoría de las veces.
    Esos comentarios son, demasiado a menudo, una fórmula manida que no significa sino: “Cállate, no seas pesada, ¡venga ya, que no era para tanto!…” pero eso sí, recurriendo al eufemismo de carácter formal para que no se diga.

    Una vez más, y ésta en el día a día, alguien trata de sacudirse de encima la responsabilidad y lo hace además como si fuese si no una heroicidad, sí una deferencia, algo que debe “anotarse” para colmo en la cuenta del errado… ¡acojonante!

    Pues para nada: no es así, no cuela; que una vez más lo que debería ser habitual -reconocer que se ha metido la gamba- se aprovecha para echar balones fuera y, de paso, anotarse un tanto por lo que la evasiva respuesta tiene de “acuse de recibo”… dando a entender que “se nos tiene en cuenta, que se agradece nuestra colaboración”… pero no es así, no existe análisis crítico por parte del autor del entuerto y nada de positivo hay en estas actitudes.
    Se trata, en versión menor y de andar por casa, de la misma actitud de la que se ocupa la entrada: a ver si además de tarde y mal, va a haber que darle a quien corresponda las gracias por su comprensión, por escucharnos y rebajarse a contestarnos… ¡increible!

    Cuando uno señala que alguien se ha equivocado de medio a medio, ¡naturalmente que da por sentado que se ha tomado nota y que no se volverá a repetir!… pero esto no quita para que quienes erraron den las explicaciones pertinentes y, sin más dilación, rectifiquen el error en la medida de lo posible.
    “Tomar nota” y mantener la postura, no modificar la actitud, me parece la más grosera de las faltas de consideración, una tomadura de pelo y un ninguneo mayúsculos. Hay respuestas que, por estandarizadas, falsas en el propósito y demasiado recurrentes, son el colmo de la mala educación.

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