“Europa al borde del K.O.”


Los inicios son duros e imprevisibles, exigen altas cotas de adaptabilidad, la divergencia entre la hoja de ruta propuesta y el camino transitado es muy acusada.

Si se acabó el camino, investiguemos maneras de volar.

Aún así, me apasionan las partidas desde cero. Ver por delante un posible sendero, allanar el terreno, decidir por donde transcurrirán nuestros pasos, consensuarlo con los compañeros de aventura…es uno de los máximos exponentes de la inteligencia humana.

Recuerdo como un terrateniente guatemalteco, desde lo alto de un montículo donde se divisaba a sus trabajadores labrando a pleno sol, me explicaba que no les podía subir el sueldo porque entonces preferían irse a casa antes y seguir cobrando lo mismo. Inteligente alternativa que desde las economías saneadas ni se nos hubiera pasado por la cabeza

La noticia más leída hoy en El Confidencial es: “Europa al borde del K.O.”

Nosotros, Europa, somos aquel terrateniente venido a menos que ahora se ha convertido en campesino. En Europa, queremos seguir siendo la que éramos, pero las reglas del juego han cambiado. Es más, diría que está a punto de cambiar el juego.

Posiblemente ha llegado el momento de convertirnos en uno de aquellos empleados del campo que prefería perder poder adquisitivo para ganar otras cosas: autocompadecernos menos y dar paso a ideas ingeniosas que supongan un nuevo camino y no una solución al pasado.

Ha llegado  el momento de dejar de lamentarnos y analizar cuál es el  mejor cesto que podemos hacer con estos mimbres.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Europa al borde del K.O.”

  1. Hector dijo:

    Inevitablemente, al reflexionar (intentarlo al menos) sobre lo que está pasando, me viene a la memoria la conocida imagen del ídolo con pies de barro.
    Europa se tambalea, corre el riesgo de irse al traste. Pero se trata del modelo de Europa que alguien eligió, el que ha venido siendo. La Unión Europea apenas ha despegado de lo que fuera el Mercado Común, siendo que lo de “común” tenía bajo cuerda toda la apariencia de oligopolio. No parecemos recordar aquello de la Europa de las dos velocidades; no hizo demasiada mella en nuestro ánimo ni supuso alarma la traída y llevada oposición (más bien notable diferencia) entre el norte y el sur. Se avanzó poco, poquísimo en todo cuanto suponía conquista social y avance para el ciudadano. Se pretendió, en suma, la construcción de una potencia económica de primer orden por encima de toda otra prioridad, de cualquier otra consideración… y se actuó en consecuencia.
    Europa entró en el juego: se compitió con los EE.UU. y las economías emergentes, se pidieron cartas y se jugó la mano… pero entretanto, alejados de la mesa de juego, preteridos por nuevos intereses al ritmo de la competencia global, quedaron todos aquellos valores que tanta sangre e historia habían costado. Por querer “ser uno más” en la partida, dejamos de ser quienes éramos, olvidamos nuestra esencia, hicimos de nuestra memoria poco más que folclore y hermosas palabras… pero el espíritu voló.
    Y ahora, cuando unos cuantos jugadores aparentemente de nuevo cuño, aunque en realidad uno sabe que ha estado aquí siempre, han lanzado sus cartas, han entrado a degüello con las cartas que se habían reservado… el ídolo con pies de barro, esta Europa del euro y la Comisión, de las maniobras evasivas, se tambalea, comienza a venirse abajo, debe claudicar ante oscuros intereses que juegan con las cartas tal vez marcadas.
    La lástima es que, ante el estado actual de las cosas, no sólo es complicado apelar a una unidad cogida con alfileres en la que nadie parece ya creer, sino que tampoco se puede oponer al avance economicista ningún logro en el terreno social,moral, ético, humano… porque se arrojaron por la borda durante el camino, porque se sacrificaron en aras de una competitividad global que siendo un espejismo ponía el acento en la rentabilidad antes que en el bienestar.

    Europa se construyó a base de acuerdos, renuncias, cesiones… entraba en la fórmula la renuncia a parcelas de soberanía por parte de los estados-nación, y se decía que lo ideal, la etapa a cubrir era consolidar tanto una ciudadanía europea como una potencia que reclamase su papel en el mundo. Bien, poco queda en muchos aspectos de “soberanía” cuando unas agencias de calificación hacen tambalear la economía entera de los estados; nada se vislumbra sobre esa potencia económica mundial en estos momentos de horas bajas y lucha encarnizada por la misma supervivencia; no sé que sea la ciudadanía europea cuando la solidaridad del “rescate” viene por vía condicionada… y menudas condiciones para quienes están llamados a aceptarlas.

    Me queda la esperanza de que esto, lo que ahora se tambalea, lo que tal vez se desmorone irremediablemente, no es Europa. Se trata de un modelo europeo que -los hechos son tremendamente didácticos- no lleva a ninguna parte.
    Alguién optó, y lo hizo en nombre de todos, primando la Revolución Industrial sobre la Liberal, la economía sobre la sociedad, la competitividad sobre la protección del desfavorecido y la igualdad solidaria.
    Fue nuestra apuesta, aún sin nosotros, y en la ruleta los números que cantan son impasibles y despiadados. No hemos hecho saltar la banca, sino que ésta -y no sólo en sentido figurado- es quién nos hace bailar, danzar, saltar, tragar a todos.
    Triste esta Europa de bancarrota que apostó cuanto tenía y había heredado a un juego trucado e imposible.
    La economía global, aquella en la que pretendimos jugar y pesar ha demostrado que no es otra cosa que el intento de los de siempre, de los poderes en la sombra, de buscar la forma de quedarse con todo el globo a través de la economía.

    Tal vez sea necesario un buen revolcón en el fango para que a Europa vuelvan a salirle sus alas, aquellas que desde el ágora ateniense o la Bastilla fueron pasos de gigante, las que ponen el acento en las personas y las dignifican y resguardan, las que las elevan y permiten contemplar, serenos y tranquilos, el azul del cielo, el brillo del sol… el futuro.

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