“De cómo Botín se compró toda la lotería para que no tocara”


Que valiente articulo el de Agustín Marco en el diario El Confidencial, no es de extrañar que: “De cómo Botín se compró toda la lotería para que no tocara” sea lo más leído del día.

“A corazón abierto” titula su sección el Sr. Marco. Tras leerlo es evidente que el título le hace justicia: es como presenciar una operación quirúrgica en la que hay que abrir y diseccionar con precisión para que la intervención sea un éxito.

Cuando acabas de leer comprendes por qué  el mundo ha quedado dividido en dos: los que hacen cuentas para llegar a fin de mes y los que acaban el mes sumando ganancias, aunque el drama también habite en sus corporaciones si la caja se resiste y ha ingresado menos que el año pasado por estas fechas.

Mientras se quejan manipulan para seguir ganando y los manipulados se dejan, faltaba más, vaya a ser que un día se tengan que hacer favores. Al resto no nos queda otro remedio que mirar desde el balcón, sin intervenir, y pensando que nos hemos quedado justo al otro lado.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “De cómo Botín se compró toda la lotería para que no tocara”

  1. Carmelo Guarda Reig dijo:

    Se dice que no hay nada más impersonal que el dinero… y yo añado que tampoco más desalmado.
    Emilio Botín, ya saben, el de: “ven al Santader”, una figura sobre la que, un día, cuando todo se sepa y pueda escribirse, cuando la luz llegue hasta los más recónditos rincones de su cuenta familiar en Suiza o las conversaciones y tratos habidos con Ruíz Mateos, alguién tendrá mucho e interesante que escribir… y estará bien que lo haga, porque no salimos de una y el cántabro más de rompe y rasga de los que se mueven por arriba nos sale en otra.
    No hay economista ni politicólogo que pueda explicar según qué maniobras, ni tampoco hay ciudadano que pueda comprenderlas. Tan pronto nuestra banca “debe ser reflotada” como se mete en aventuras y operaciones que nos impiden -al resto- salir a flote. Tan pronto se conceden hipotecas que entraría-en mi opinión- de lleno en la vetusta Ley Zárate de represión de la usura, como impiden y proscriben la dación en pago para levantarlas.
    Y ahora esto: el banco director de una operación de altos vuelos, juega a hacer luz de gas, y con la tabla en la mano, dónde dije digo ahora digo Diego… dondiego de noche será, porque vaya flor.
    Sobre el neomaridaje entre escaño-consejo de administración, en clave de opciones de futuro sobre el “banco azul” del gobierno (que dirían los economistas) algo se cuece; siempre lo ha hecho y es difícil romper esta hegemonía trono-altar entre políticos que actúan como soberanos de la confianza ajena y el dios dinero, un concubinato tan manifiesto como inconfesable en versión del siglo XXI que, al amparo y socaire de globalización, cada vez reduce a menos el club selecto de los que deciden (… o mangonean).
    Intuimos, algo sabemos… pero lo cierto es que, por dimensión faraónica, por lo inusitado de las cifras, con estos trapicheos de según qué banca sucede lo que con los campos de exterminio: hay señales, todo el mundo intuye o conoce parte… pero ni todo se sabe ni la mente llega a asumir, integrar, comprender la dimensión del fenómeno… simplemente, es demasiado críptico y demasiado grande.

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