“Lorenzo se avergüenza de los comentarios de su padre sobre Simoncelli”.


“Hablar es barato”, tituló a uno de sus trabajos en solitario Keith Richards. Una brillante recopilación de canciones que resuenan en mi cabeza demasiadas veces últimamente.

Supongo que las meteduras de pata son internacionales y no se pueden acotarse a un tiempo histórico, pero últimamente en nuestro país las bofetadas a la razón empiezan a ser auténticos soplamocos con revés.

Escucho la barbaridad de turno y miro para otro lado, intentando hacerme la sorda; es un reflejo instintivo ante la vergüenza ajena.

Hoy la noticia más leída en el diario ABC es: “Lorenzo se avergüenza de los comentarios de su padre sobre Simoncelli”.

Hoy, más que mirar para otro sitio, he negado con la cabeza en silencio, como si el bofetón me hubiera llevado la mejilla de un lado al otro.

El problema es que de un tiempo a esta parte este gesto lo repetimos muchos con excesiva frecuencia. Demasiado barato sigue siendo hablar.

Anuncios

Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
Esta entrada fue publicada en ABC. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a “Lorenzo se avergüenza de los comentarios de su padre sobre Simoncelli”.

  1. José Luis dijo:

    La palabra: ¡qué poderosa arma, que magnífico instrumento!
    Mediante palabras alumbramos y racionalizamos las ideas. Pensamos con palabras y a ellas remitimos sentimientos, emociones… nuestras palabras son como una tarjeta de identidad, lo que nos exterioriza ante los demás, la referencia obligada sobre qué y cómo somos. “Habla para que te conozca” afirmaba Sócrates y esta presunción sigue estando vigente.
    Nuestras palabras son como una parte de nosotros mismos que se pone a la vista y disposición de los demás, por eso es tan importante que los hechos las acompañen y refrenden, que exista esa íntima armonía entre lo que pensamos, decimos y hacemos: ideas, palabras, gestos.
    Una palabra adecuada en un momento dado puede ser apoyo, ánimo, una muestra de consideración, respeto o cariño… pero también un comentario desafortunado, una frase poco meditada o fuera de lugar, pueden causar un daño difícilmente reparable.
    Las palabras, ante todo, nos definen, y por eso mismo han de cuidarse; son la parte más pública y visible de lo que somos.
    Te comprendo perfectamente, Tudi, que yo también me he quedado alguna que otra vez pensando: “yo no hubiese dicho jamás eso”, pasado y sufrido vergüenza ajena o sentido ese punto de indignación ante lo que estaba oyendo.
    Y a nivel más íntimo, en la esfera de lo vivencial: ¿quién no ha sentido renovar sus fuerzas ante una palabra de ánimo procedente de un amigo? y ¿quién no ha experimentado alguna vez esa punzada de dolor ante un comentario poco amable o negativo?
    Nuestras palabras son piedras lanzadas al espacio que no pueden ni frenarse ni volverse atrás, por eso es tan importante meditar, medir, tratar de que sean vehículo de comunicación, jamás debieran ser un medio de agresión, una injustificada (y también definitoria) carencia de respeto, humanidad o sentido común.
    El problema no está tanto en que “hablar salga barato”, sino más bien en que demasiadas veces se hace a la ligera, sin evaluar las consecuencias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s