“Gadafi, muerto.”


¡Vamos que nos vamos! grita el animoso conductor del autobús y arranca como si condujera un Ferrari Testarrossa. Me acuerdo de varias personas próximas a su árbol genealógico pero una mujer de avanzada edad verbaliza mis pensamientos mientras se bambolea y le espeta: “¡La madre que te parió!”. Muy bien señora, en ocasiones la buena educación solo sirve para bajarse cabreado del bus.

Abro el periódico y veo la noticia más leída del diario El Mundo: “Gadafi, muerto.”

Contundente titular acompañado de una foto que no deja la menor duda: Gadafi está muerto. Y me entra la misma mala leche que esta mañana ante el conductor de Fórmula 1 aficionado. Me encantaría ser una viejecita tambaleante para poder decir: ¡la madre que nos parió a todos los periodistas que somos capaces de pasarnos por el forro las enseñanzas de la profesión y jugamos con la dignidad humana!

Nos creemos todopoderosos y le adjudicamos a cada persona el grado de dignidad que es políticamente correcto en cada momento; es así como los medios que antes publicaron en portada las fotos del mandatario libio departiendo con el Rey ahora lo inmortalizan muerto.

La muerte es el acto más íntimo y todo el mundo tiene derecho a preservar ese momento de las miradas ajenas, aunque algunos justicieros la exhiban como si de un espectáculo se tratara. Empiezo a pensar que esta no es una buena profesión.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Gadafi, muerto.”

  1. Antonio Cifuentes dijo:

    Sadam Hussein, Osama Bin Laden, y ahora Gadafi… nadie discute que el mundo, sin duda, estará mejor sin ellos, pero esto no empece para que, por otro lado, se mantenga indubitada su condición de personas (aún devaluadas por sus propios actos) y, consecuentemente, se muestre el más escrupuloso respeto por la dignidad a que, por ser personas, tienen derecho.
    Se pueden, sin duda, criticar y reprochar sus actos. Es también lógico el dar la noticia, que sin duda será un alivio para muchos, porque aún en horas bajas infundían miedo… pero nada más; el resto no deja de ser un rebajarse a una altura que debiera estar vedada a todo aquel que se respete, a quien postule los más elementales valores éticos y morales.
    Por desnaturalizado que sea el sujeto, por deplorables que hayan sido sus actos, nunca debiéramos ponernos a su nivel, entrar en este juego. Ha muerto Gadafi, pues cerremos el capítulo, echémosle tierra encima al hombre, aunque la memoria del estadista megalómano y cruel, la figura histórica tan anómala como reprobable, siga en la memoria de todos y sirva -crucemos los dedos- para que no vuelva jamás a repetirse que un visionario pranóico y carente de escrúpulos pueda dictar su voluntad sobre un pueblo, que nadie amparado en lo geoestratégico y al arbitrio de sus caprichos esté en disposición de hacer temblar al mundo.
    No deja de tener su paradójica ración de hipocresía que quienes hoy más sonadamente “celebran” aquello que jamás debiera celebrarse, sean los mismos que, durante años, y al hilo de sus intereses, le trataron, pactaron con él o, en el mejor de los casos, miraron hacia otro lado.

  2. José Luis dijo:

    La justicia es una luz en las tinieblas, un soplo de cordura en un mundo de locos… pero es también un ser etéreo y tiene el alma delicada. Por eso mismo, para que brille y traiga la razón, no vale cualquier método. La justicia tiene su protocolo y sus formas, y esta vez no se trata de una mera cuestión estética, sino que el respeto a sus normas, maneras y tiempos son la esencia misma del concepto.
    No se puede “administrar justicia” en clave de horda, por dolida y contrariada, por cargada de razón que pueda ésta sentirse. Tampoco es lo mismo que la justicia sea popular y se le dé publicidad a permitir y aprobar que el grupo la aplique por las bravas ni haga de ella espectáculo.
    Gadafi está muerto… pero la forma en que se ha llegado al enunciado de esta sencilla y contundente afirmación,no creo que sea para sentirse orgullosos precisamente.

    • Carol dijo:

      Se van conociendo más detalles, y con ellos parece llegar también algo de dignidad, de cordura, de lo que pudiéramos llamar vergüenza ajena. Alguién -por fin- ha dicho “basta”: la ONU se ha propuesto arrojar luz sobre ese suceso que más que captura huele a ejecución.
      Parece ser que los rebeldes libios vejaron al dictador más allá de lo imaginable, se cebaron con él de una manera salvaje y completamente fuera de lugar, le quitaron definitivamente de enmedio cuando ya no era un peligro para nadie y sí tenía muchas cosas que explicar.
      No digo que Gadafi no sea una figura odiosa, pero esto no legitima que nadie pueda ponerse impunemente a su nivel, que sea lícito un comportamiento tan poco humano.
      Se habla de aclaración de las circunstancias y búsqueda de responsabilidades. Creo que es lo adecuado, lo justo y lo correcto.
      No lamento que el sátrapa libio no esté ya entre nosotros, pero deploro la forma en que alguién decidió quitarle lo último que le quedaba: la dignidad y la vida.

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