“La feminista que vivió un año entero siguiendo la Biblia a rajatabla.”


Comportarse cristianamente no es acudir a la iglesia para después darle un puntapié en la puerta al monaguillo, ni ser piadoso con Haití mientras se le niega socorro al vecino de enfrente.

El cristianismo, como la práctica totalidad de las religiones, promulga unos valores que deberían formar parte de nuestro ADN más ateo: respeto, agradecimiento, empatía, sacrificio, esfuerzo…

El problema es que en las religiones, como en casi todos los temas que requieren una renuncia en pro de una elección, es más fácil quedarse con lo somero y superficial sin acudir a la auténtica esencia de materia.

Hoy la noticia más leída de El Confidencial es: “La feminista que vivió un año entero siguiendo la Biblia a rajatabla.”

La mejor manera de no profesar correctamente una creencia es intentar seguirla hasta sus últimas consecuencias porque en los extremos no hay equilibrio y sin ese equilibrio no se puede ser respetuoso, agradecido, empático y ecuánime.

Llevar la Biblia, el Corán, los Vedas o los Upanishad a su máxima expresión debería consistir en extraer la esencia y no violar sus enseñanzas. Las traducciones literales siempre acarrean problemas, tantos que en lugar de hacernos entender el mensaje pueden diluirlo, convirtiéndolo en un texto cómico.

Por cierto, me niego a poner la otra mejilla aunque jamás permitiría que nadie te pegara.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “La feminista que vivió un año entero siguiendo la Biblia a rajatabla.”

  1. Fernando dijo:

    Equilibrio, una vez más es la palabra, la clave. Equilibrio unido a conciencia, a capacidad de interpretación objetiva, a humanidad.
    Sobre los dogmas (verdades calificadas de “indiscutibles”) giran, a grandes rasgos, personas de tres tipologías:
    1) quienes sólo los siguen cuando se ajustan a lo que ellos mismos creen o les interesa.
    Son como veletas humanas movidas por los vientos del interés y el capricho, descarados jueces de la conducta y los actos ajenos que utilizan dos varas de medir, la propia y la aplicable al resto de los demás.
    2) los carentes de capacidad de raciocinio y crítica, aquellos que se quedan con “la letra” y ni siquiera se han planteado nunca llegar al espíritu.
    Son inflexibles, radicales, inmovilistas, una paradoja en sí mismos porque ese encorsetamiento mental les impide contemplar la parte más importante de la realidad de los hechos: la subjetividad y las circunstancias ajenas; son incapaces, siempre, de caminar sobre “las sandalias del otro” antes de emitir el juicio sobre la andadura del prójimo.
    3) quienes en los dogmas ven, simple y llanamente, principios, valores, directrices de conducta… pero enfocadas a una finalidad mucho más amplia y abierta que el simple “recetario de cocina” que muchos otros perciben en ellos.
    Son personas que saben que ha de interpretarse la verdad para adecuarla a aquellos a quienes afecta, los que aconsejan y dan ejemplo en lugar de conducir a nadie a la hoguera, los que pretenden convencer más que vencer, quienes de la seguridad profunda en los valores y la bondad de su idea hacen diálogo y debate.
    Son también estos últimos, por desgracia, los menos abundantes… pero eso sí, son ellos, precisamente ellos, quienes dan grandeza y valor a la idea en la que se encuentran.

  2. José Luis dijo:

    Inevitablemente me viene a la mente una frase: “Cuando el sabio señala la Luna, los necios miran el dedo”.
    La biblia, la obra escrita más reproducida, extendida, divulgada. Se trata sin duda de una lectura interesante y que contiene principios positivos indiscutibles; pero también una obra enclavada en los esquemas y valores de una época en muchos aspectos arcáica y superada.
    Si pensamos en el tratamiento que se da a la mujer y su papel en la sociedad y la familia, si recordamos el sistema de aplicación de la justicia (“ojo por ojo, diente por diente…”), si nos quedamos con el concepto de “pueblo elegido” y que tiene un pacto con Dios… sin duda la única salida es un extremismo radical, excluyente y atávico.
    Muchos de sus párrafos, pedem literam, son en este sentido el dedo del sabio, algo instrumental y que, convertido en protagonista, además de no conducir a nada crispa, señala estigmatizando, enfrenta.
    Por contra, en una lectura más abierta y al sentido, es sin duda un texto que contiene profundas enseñanzas morales: justicia, caridad, fraternidad, honestidad, humanidad. Ésta sería la Luna de nuestro ejemplo, esa que sólo puede verse con los ojos colocados bien arriba, con mirada inteligente y abierta, despegándose de la mera letra para volar sobre las tinieblas.

    No creo ser reo de anatema si, reflexionando sobre el devenir histórico, traigo a la memoria que los propios Evangelios (texto fundamental del Cristianismo) pueden ser vistos como una “adecuación” y reforma, como una puesta al día enmendando la plana a muchos párrafos de la Biblia; como también es un nuevo paso rectificador lo que supuso el nacimiento de la Reforma Protestante, abogando por la libre interpretación de la misma, la biblia, desde el entendimiento y la conciencia de cada persona.

    Estamos hablando, en este caso concreto, de religión… y esto -todavía- se encuentra cercano al mito, al tabú, a la interpretación dirigida férreamente desde la ortodoxia más indiscutida… pero en el fondo, bien mirado, el fenómeno de la creencia también participa de la naturaleza humana, de la de aquellos que la sustentan y la profesan, y consecuentemente -como en todo lo humano- la actitud es determinante. La creencia es una opción personal, algo que se hace propio… pero lejos de pretender imponerlo a los demás.
    Una concepción dialogante y abierta de los preceptos, un toque extra de comprensión hacia lo diferente, un profundo respeto por quienes no comparten (no creen o lo hacen a su modo) es sin duda una actitud positiva. Concebir que pueda ser de otro modo tan sólo lleva a la yihad o la cruzada.

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