“Carles Puyol y Malena Costa han roto.”


Hay tantas noticias importantes en este viernes que uno bizquea sin saber hacia dónde dirigir la mirada. Como, además, la luminosidad del fin de semana nos ciega, nos volvemos algo miopes y miramos lo que tenemos justo delante de las narices en lugar de avistar el horizonte y prestar atención al secuestro de dos cooperantes.

Hay noticias estúpidas; acontecimientos tan tontos que la propia eventualidad y pequeñez de los mismos los convierten en noticia. Otros son tan importantes que el lector los siente como inabarcables y los bordea dejando que sean los sesudos entendidos los que se metan en tal pantanal.

Hoy la noticia más leída del diario La Vanguardia es: “Carles Puyol y Malena Costa han roto.”

Lamentable sin lugar a dudas cualquier ruptura sentimental, pero irrisorio acontecimiento si lo comparamos a los tres días sin servicio de los usuarios de la Blackberry, por ejemplo. De aquí solo se puede extraer una posible conclusión: es viernes, y los viernes ni Dios está para puñetas.

Feliz fin de semana y ánimo Carles, ya aparecerá otra Reina del Cava que peine tus rizos.

 

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Carles Puyol y Malena Costa han roto.”

  1. José Luis dijo:

    Cada época tiene sus características, esas formas y hábitos que definen la cosmovisión y la actitud de las personas que la viven.
    Estamos en pleno siglo XXI, y creo que en el futuro, cuando alguién trate de etiquetar este tiempo en que vivimos, necesariamente habrá de hacer referencia a dos aspectos: la universalidad de la información… y la superficialidad en la valoración y la reflexión.
    Nunca como ahora ha habido tantas posibilidades de estar al cabo de la calle de cuanto sucede; jamás se había podido acceder a más materiales con los que contrastar, modular y elaborar la propia opinión. Pero tampoco nadie como nosotros había sufrido semejante “bombardeo” de datos, cifras, hechos… y en consecuencia, por pura saturación, la elección y priorización de lo que nos llama la atención o “nos choca” es bastante sui generis. Vendría a ser una especie de indolencia matizada por la necesidad de pasar página, una vorágine en que la sucesión y velocidad de acontecimientos no permite quedarte con el alma de ninguno de ellos, una permanente huida hacia adelante y, de paso, un declinar toda implicación y responsabilidad.
    No es de extrañar, según venimos exponiendo, que entre todo el aluvión de hechos más o menos trascendentes que se nos viene encima cada día, el común de los mortales se quede con la anécdota. Todo lo que no afecte -y muy directamente- a nuestras rutinas y hábitos es, simplemente, algo que tiene fecha de caducidad, un mero comentario mientras devoramos la cena o hacemos hora ante la tele hasta que comience “la Noria”, que eso sí interesa, que a ver sobre quién y cómo rajan hoy los invitados.

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