“Un miembro del PP bromea con la marcha de Ana Pastor de TVE tras el 20N”.


Se corren serios riesgos cuando se habla con miles de receptores y micrófonos delante.

Las redes sociales ponen megáfonos y altavoces a todo lo que allí pasa, por eso es recomendable que antes de hablar se haya pensado lo que se va a decir, calcular el impacto que pueden tener nuestras afirmaciones.

En general, la comunicación en internet es compleja. No se oyen los tonos, no se ven las miradas. Solo se lee. En esa lectura se pude querer ver hasta lo que no se quiso decir, porque las conversaciones no son solo una sucesión de palabras, también juegan un papel importante las interpretaciones.

La noticia más leída en el diario El Mundo es: “Un miembro del PP bromea con la marcha de Ana Pastor de TVE tras el 20N”.

Para saber si la afirmación era una broma basta con recordar aquellos tiempos en que presentaban los informativos Ernesto Sáenz de Buruaga o Alfredo Urdaci.  ¿Todavía alguien le augura una larga carrera profesional a Ana Pastor en la televisión pública de nuestro país si el PP gana las elecciones?. Yo de ella, como todo hijo de vecino, iría actualizando el currículo.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Un miembro del PP bromea con la marcha de Ana Pastor de TVE tras el 20N”.

  1. Antonio Fuentes dijo:

    Está claro que los tiempos en que el rey pagaba al cronista para que escribiese no la historia, sino “su historia”, de manera adecuada y conveniente (para el rey) no se han superado.
    Tras unos cuantos siglos la diferencia estriba en que ahora el monarca ególatra y omnímodo es el poncio político de turno y que al cronista lo pagamos entre todos; pero sigue igual el hecho de que hay quien decide si “la historia” que se narra es o no adecuada y consecuentemente sobre la situación y el futuro del cronista.
    La objetividad y la verdad siguen siendo tareas pendientes y sería bueno el arbitrar los medios para que quedasen por encima de los caprichos y manipulaciones de estos personajes cuyos intereses parecen ser ley.
    Concebir un servicio público como escenario de un expolio periódico de cargos y puestos según quién tenga el BOE por la firma nos lleva, de nuevo, a aquel turnismo de enchufe y cesantía que tan bien pintara Larra en sus obras. No se puede ni se debe ir contra los tiempos, resucitar viejos fantasmas, hacer del descaro y la parcialidad la norma.

    • Tudi Martín dijo:

      Lo lamentable es que, con la politización de los grandes medios de comunicación y la degradación de la profesión periodística, hablar de objetividad empieza a ser sinónimo de utopía.
      Gracias por participar.

  2. Vicente Sendra dijo:

    Que un medio “privado” (si es que los hay dado lo archisubvencionados que están todos ellos) escore hacia una banda notoria y manifiestamente, no siendo lo deseable, tal vez pueda ser consentido. Uno, consciente de ello, es libre de adquirir lo que muchas veces es un panfleto de propaganda descarado o, si lo desea, “pasar olímpicamente” del medio en cuestión. El problema llega cuando esa escora, a babor o estribor según pinte el panorama político, es alterna y se da en un medio que, por sufragado con los impuestos de todos y bajo la denominación de “servicio público” hace burla de sus principios y se convierte en instrumento, herramienta, altavoz y medio de adoctrinamiento. Y esto, se repite, se perpetúa, parece no tener solución…

    Pues debiera haber solución, y en Gran Bretaña (por poner un ejemplo de “nuestro entorno próximo” como gusta decir a unos y otros políticos cuando les conviene) han dado con un sistema que, en principio, garantiza esa objetividad exigible a un servicio público.
    Los mecanismos de control del “ente”RTVE (a mí también me da cierto morbo llamarle así) no pueden dejarse en manos de simples comités políticos que reproduzcan la composición de las mayorías parlamentarias; como tampoco es el método más apropiado para definir la composición del Tribunal Constitucional, ni tantos y tantos organismos. Hacerlo de este modo lo único que propicia es la utilización del “rodillo-apisonadora” que impere en cada momento al aire de la opción política que tenga el gobierno y la mayoría. Como en el caso británico y tomando como ejemplo el organismo que controla la BBC y vela por la independencia y la objetividad informativa, parece mucho más adecuado el buscar esa objetividad e independencia desde el principio, en la provisión de las plazas que configuran la ejecutiva del órgano de control.
    Esa composición profesional, objetiva y neutral, así como una reglamentación que proscriba toda tentación de parcialidad interesada y partidista, es el planteamiento correcto. Todo lo demás, no son sino cortinas de humo, palabras vacías y una espera más o menos contenida de que sean “los míos” quienes corten el bacalao para dar a la tele el tono y el color que yo quiero.

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