“Los más jóvenes coquetean con el PP”


“Los más jóvenes coquetean con el PP”, titulan hoy a la noticia más leída Público. En la foto del diario vemos a unos muchachos regordetes algo talluditos.

Estar crecidito para ser considerado de “los más jóvenes”, no es problema; a lo mejor es que mi siempre citada abuela tenía razón y lo que pasa es que los chicos están “de buen año” aparentando así más de los que tienen. Pero desde luego no son los imberbes que uno piensa echarse a la cara ante titular semejante.

El auténtico problema no radica en la edad. Los jóvenes y los que no lo somos tanto, nos vemos ante la tesitura de girar hacia la derecha o hacia la izquierda, en esta ocasión no hay Plan B.

Como los de la izquierda han invadido el carril de la derecha y los de la derecha dicen que piensan transitar por la mediana, nosotros circulamos por donde podemos y nos dejan, yendo de un lado al otro, mientras entendemos cada vez mejor el final de la película Telma y Louise.

Añoro disponer de presupuesto para comprar un camión de 19 marchas y hacer nuestra  esta serpenteante autopista que es últimamente la política en nuestro país, ¿te apuntas?

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Los más jóvenes coquetean con el PP”

  1. Vicente Sendra dijo:

    Los caminos, y más cuando están “trillados”, requieren de un mínimo orden que garantice su validez, su fiabilidad, su adecuación para los fines con que se concibieron y crearon. Pero no siempre es así.
    Cuando las señales parecen haber desaparecido, transformándose en figuras camaleónicas e interpretables; cuando los carriles son solamente circunstanciales y la mediana es una simple línea sin sentido; cuando a golpe de tonelaje y cilindrada cada cual transita por donde mejor le conviene, el camino, la carretera, es entonces una selva.
    La tentación de empuñar los mandos de un camión de diecinueve velocidades y tamaño disuasorio -o como alguna vez algún amigo ante un atasco ha dicho un quitanieves con la cuña delantera en posición- es tan humana como comprensible. Pero pasado el primer momento superado el primer impulso, uno ve que no, que no pasa por ahí la solución.
    En el fondo, y puede ser cuestión de voluntad, y cuanto más colectiva y arraigada mejor, tal vez sea mejor salirse de la carretera, declararla “tramo de concentración de accidentes” en su totalidad y buscar otras alternativas. No es que apueste ni proclame la conducción off-road, sino que lo que pretendo decir es que si el rodar y circular se ha vuelto imposible, tal vez sea la hora de volar, de abrir nuevos caminos que estén por encima y más abiertos. Nadie debiera sentirse ni ejercer de dueño de la carretera. Cualquier camino está al servicio de los ciudadanos, que el moverse y transitar es un derecho irrenunciable so pena de sentirse esclavizado y atado cual siervo de la gleba. Siempre debe haber quien sugiera (que no imponga) posibles rutas, quien trace caminos y disponga las normas necesarias para que resulten útiles: sepamos dónde vamos, tengamos claro el por dónde, el cómo y el cuándo; llamemos a las cosas por su nombre.
    Es necesaria la claridad en la circulación, señalización de rutas, sentidos y destinos… y ésta, la carretera, o sirve a todos y se organiza para tal fin, o habrá que boitcotearla hasta cerrarla definitivamente

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