“Steve Jobs autorizó su biografía para que sus hijos lo conocieran”.


Qué grande eres Pepa, qué grande tu equipo. Ganáis el Global Peace Award mientras los consejeros de RTVE intentaban meter cuchara en una redacción que pocas veces en la historia del ente (me gusta esta palabra porque me suena fantasmagórica) ha gozado del prestigio actual.

Un telediario lo hacen muchas personas, muchos profesionales que deben trabajar de manera multidisciplinar pero al unísono con el noble objetivo de que la información sea contada y no comentada…ese es el ideal.

Con este galardón se reconoce el rigor  y la exactitud a la hora de informar sobre conflictos internacionales. Qué difícil encontrar más cadenas y periodistas que puedan hacer suyo ese rigor,  presente en el código deontológico periodístico.

Hoy la noticia más leía en el diario ABC es: “Steve Jobs autorizó su biografía para que sus hijos lo conocieran”.

En ocasiones la cercanía nos quita perspectiva; es así como Steve Jobs dejó que contaran su vida para que sus hijos comprendieran el por qué a veces no llegaba puntual a la hora de cenar. Esa misma proximidad nos hace no valorar a profesionales que ven volar los reconocimientos desde Suiza.

Estamos tan cerca que no vemos.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Steve Jobs autorizó su biografía para que sus hijos lo conocieran”.

  1. José Luis dijo:

    Coherencia, perspectiva, alteridad. Estos son, a mi juicio, los parámetros válidos para evaluar lo que sea la conducta de cualquier persona, para hacerse cabal idea de sus pasos por este mundo y entre los demás.

    La coherencia, de entrada, es necesaria. Sólo quienes viven como creen que deben hacerlo, los que perciben esa armonía entre lo que quieren, lo que piensan y lo que hacen son capaces de crecer día a día, de superarse y también de encontrarse a gusto consigo mismo y con los demás.
    No es fácil, ni siempre se presentará como posible al cien por cien; pero es el equilibrio interno que ha de perseguirse, el único capaz de permitir que desarrollemos nuestras potencialidades. Algunas veces, y aunque parezca poco no lo es en absoluto, se requiere algo parecido a un “acuerdo de mínimos”, y éste consiste en que lo que hagamos no entre en contradicción abierta con lo que pensamos que debemos hacer. Sería el “tragarse un sapo” por necesidades del guión… pero tragarlo sabiendo que se hace y tras decidir que tal vez merezca la pena hacerlo porque, lo que reputamos irrenunciable, no está afectado. La flexibilidad, así entendida, no acomodaticia ni claudicante, sino abierta y consciente, es también un valor en positivo.
    No lleva a ninguna parte el hacer de cada pequeño tema un casus belli, un motivo para la disputa.

    La perspectiva es también imprescindible. A menudo el estar metidos hasta las cejas en los asuntos que nos ocupan nos impide realizar juicios adecuados sobre el desarrollo de los acontecimientos. Es obligado, si se desea no cegarse por los chispazos de la urgencia ni la deslumbrante intensidad de lo que se vive, recurrir a tomar distancia, tratar de ver en parte “desde fuera y desde lejos”. En este sentido, el contar con algunas personas que a su amistad unan la capacidad para decirnos honradamente lo que piensan en todo momento sobre nuestras actuaciones, es una suerte; nos prestan un servicio impagable. No es demasiado fácil salirse de la espiral mientras las cuestiones giran y nos atrapan; por eso mismo esos amigos, desde la honestidad y el cariño, pueden ayudarnos muchísimo.
    Sólo unas pocas personas tienen la capacidad de juzgar en frío sus propios actos en el momento en que los acontecimientos nos arrollan, pero el contar con quienes puedan completar nuestra visión, quienes nos abran el panorama contemplado y eviten dejarse fuera aspectos importantes, debería ser obligatorio.

    La alteridad contempla el que nadie vive ni solo ni para sí mismo, que lo que sean los pasos de cada cual ha de tener como marco el grupo, la sociedad. No digo que a veces ésta, la sociedad, no pueda equivocarse, sesgar visiones, preterir valores, primar modas y hábitos… pero también es cierto que en definitiva es el tablero en que nos movemos, la destinataria lógica de nuestros actos.
    El cómo seamos capaz de proyectarnos, el cómo nos vean los demás, es también un referente de lo que nosotros mismos somos, de lo que aportamos.

    Nadie dice que sea fácil, ni todos podemos puntuar en el rango de la excelencia en estos tres aspectos… pero es necesario, a riesgo de quemar nuestra vida inútilmente, que algo de todo esto se refleje en lo que sea nuestra historia. Es la única manera de sentirse en paz con uno mismo y con los demás.

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