“¿Para qué gastare 800 euros en un aparato que se gasta en el baño?”


Tengo un conocido, creo que no recuerdo su nombre, que viajó a Japón y se quedó prendado de un artilugio sin par: una tapa del wáter capaz de hacer todo tipo de virguerías a base de unos surtidores de agua a presión estratégicamente situados.

Enamorado del invento agarró la tapa de WC y, como después tenía previsto recorrer “a su aire” toda Tailandia, prosiguió la incesante aventura con la compañera de los chorritos. Incluso se dio la desgraciada coincidencia de que, durante su aventura, hubo un sonado episodio de virulentas revueltas populares tailandesas que sorteó con el invento a cuestas.

Él y su tapa volvieron juntos a España pero, como si de una historia de amor imposible se tratara, cuando la instaló en su inodoro el artefacto prendió en llamas: en Japón utilizan un voltaje muy inferior al nuestro.

La noticia más leída hoy en El País es: “¿Para qué gastare 800 euros en un aparato que se gasta en el baño?”

Como comprenderéis, después de esta apasionada historia de mi conocido y su ardiente amiga, lo de gastarse 800 euros en una iPad para usarla en el excusado me parece tan normal como comer pipas en el parque.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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6 respuestas a “¿Para qué gastare 800 euros en un aparato que se gasta en el baño?”

  1. Carlos dijo:

    Al igual que la velocidad tiene un límite: la seguridad; la comodidad ha de tener otro: la utilidad. Y así, contraponiendo conceptos y equilibrando impulsos, se podrían ir desgranando una por una las cuentas de este particular rosario de tendencias, avances, novedades… y necesidades sobrevenidas que nos vamos creando.
    En este sentido, el concepto de multifunción resulta tremendamente atractivo, vende, da imagen de utilidad y modernidad. Lo “multifuncional” llega a convertirse en símbolo de progreso y, al tiempo parece relegar, un paso atrás y a la izquierda, a todo aquello que no responde al modelo. Pero no es todo tan sencillo, ha de mirarse con cierta perspectiva, la que sólo da la distancia que nace de una toma de contacto menos apasionada.
    Siendo sinceros: la multifunción, el “todo en uno” tiene ventajas, pero también puede tener, aunque no se perciban de entrada, inconvenientes. Hoy más que nunca se hace necesario un juicio previo, una valoración de necesidades reales y medios para cubrirlas, de posibilidades y uso real-racional que va a darse a lo que se adquiere.
    No deja de ser una contradicción el pensar que porque un artilugio permita guisar en el cuarto de baño mientras uno se ducha -por poner un ejemplo- el poseerlo conduce necesariamente, ya que lo tenemos, a darnos una ducha cada vez que deseamos cocinar algo.
    No es ciencia ficción, y seguro que todos podemos aplicar otro caso tan real como ilustrador sobre lo que pueden suponer el uso y el abuso de auxiliares que, por circunstancias de moda o comodidad, se han convertido en protagonistas. No me cabe duda de que todos podríamos -con nombre y apellidos- citar a ese chico o esa chica conocidos y cercanos a nuestro ámbito social que, por desear estar “permanentemente en contacto” con sus amigos, se pasan el día al teclado y frente a la pantalla; esos que están conectados y atados de tal manera que ya no les queda tiempo para acercarse a tomar un simple café o una cerveza con ellos.

    • Tudi Martín dijo:

      El “premanentemente conectados” puede tener un coste altísimo con los amigos de toda la vida, esos a los que ninguneamos en pro de los nuevos “amigos” hechos en el ciberespacio.
      El problema es que los nuevos tienden a ser perecederos, a pesar de dedicarles más atenciones que a los que de verdad están y son. Esperemos de su paciencia infinita porque si no podemos acabar sin los unos y sin los otros.

      • Carlos dijo:

        🙂 No creo que sea demasiado probable que suceda, Tudi, no si de verdad es un amigo, y es una suerte para cualquiera tenerlos asi. Simplemente nos quieren demasiado y a veces creo que también nos conocen mejor que nosotros mismos.

        Un amigo de los de verdad, además de un tesoro, es un miembro de esa “familia que hemos elegido”, alguien tan incondicional en sus afectos como pueda concebirse y eso hace que esté por encima de muchas situaciones y momentos, que lo comprenda todo, que nos quiera a pesar de todo; un amigo, incluso en las “más-duras” (que no son las maduras) no nos dará la espalda con facilidad.

  2. Pedro dijo:

    Yo quiero hacer otro tipo de crítica, la del artículo periodístico.
    Amiga Trudi, ver como nos has llevado desde una maravillosa tapa de wáter, hasta el ipad, pasando por las revueltas tailandesas, ha sido toda una experiencia de creatividad.
    Hoy he disfrutado leyéndote.
    Enhorabuena.

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