“Rubalcaba pide a un periodista que no le tutee.”


Educación no es llamar de usted a nuestro interlocutor. La buena educación consiste, entre otras cosas, en identificar claramente y con rapidez el rango de la persona que tenemos delante, adaptando el trato a la situación en la que nos estamos desenvolviendo.

Partiendo de esa identificación y adaptación, son muchísimas las ocasiones en las que se podría tutear sin temor a la mismísima Angela Merkel, esa mujer que de un tiempo a esta parte parece dictar nuestros destinos.

Pero hay mucho más, y ese extra del que hablo está por encima de toda norma. La máxima en las relaciones humanas, sean al nivel que sean, es no incomodar. De hecho ese es el autentico sentido del protocolo o, sin tanta rimbombancia, de la convivencia humana.

Hoy la noticia más leída en el diario Público es: “Rubalcaba pide a un periodista que no le tutee.”

Llamar de tú a Rubalcaba podría haber sido la mejor de las opciones si hubiésemos estado de cañas por Madrid con amigos comunes.

Últimamente somos todos tan “enrollaos” que le hablamos al Rey como si estuviéramos departiendo con uno de los personajes del programa de fin de año de El Programa de José Mota.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Rubalcaba pide a un periodista que no le tutee.”

  1. Victor dijo:

    Justo es, que las formas y el respeto, muchas veces, van de la mano. Pero, amparándonos en el ejemplo y la oportunidad que nos brinda el caso, aplicando a nuestra vez el argumento “a contrario”, creo que también sería oportuno que el periodista, y tras él quienes le leen y a los que se debe, planteasen ante todos los Rubalcaba, grandes y pequeños, de cualquier partido color y se apelliden como quiera que fuere, que en su gestión diaria, en sus actitudes y medidas, no nos ninguneen.

    • Marisa dijo:

      El respeto es y debe ser una actitud permanente y bidireccional, recíproca y asumida.
      A veces la transgresión a las normas más elementales de cortesía denuncia que no es así, pero también es cierto que las meras formas no bastan, que el problema es mucho más profundo.
      La inadecuada soltura con que tratamos a quienes no conocemos, la manera en que entramos a cuchillo en una conversación, el dejar en la cuneta la educación y un cierto coleguismo ambiental nada apropiado nos dicen que lo que sucede en realidad es que hay demasiado menosprecio por el interlocutor, excesivo desarrollo del ego, una autoconcesión de patente de corso para maniobrar y abordar a las bravas, un aforamiento injustificable en la nación del todo vale.

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