“El satélite UARS caerá mañana por la tarde”.


A la porra, mañana quizás caiga sobre nosotros un satélite ¿qué os parece si decimos “hasta aquí hemos llegado” y nos concedemos hacer lo que realmente nos dé la gana?

No pensaré en horarios, ni proyectos venideros. El futuro dura 24 horas así que ¡a disfrutar!

Hoy me zamparé aquel helado de chocolate, no haré deporte y me niego a preparar la documentación que necesito para mañana.

Pienso llamar a la agente personal de aquel ejecutivo que me dijo que el informe enviado le parecía “superguachi” para responderle que a mí ella me parece “superimbécil”

Hoy la noticia más leída del diario El País es: “El satélite UARS caerá mañana por la tarde”.

Bien pensado, por si acaso la chatarra espacial se desvía y le da al vecino en lugar de a mí, casi cenaré la ensaladita, dejaré preparado todo lo necesario para el trabajo de mañana y sufriré en silencio a la superpava.

Os dejo que todavía me queda media hora de spinning: ¡SATÉLITE, VEN!

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El satélite UARS caerá mañana por la tarde”.

  1. José Luis dijo:

    Está claro que el sensacionalismo sigue vendiendo, y lo hace porque todos somos, en alguna medida, proclives al histrionismo. Si lo pensamos bien, y desde el punto de vista del posible afectado, ¿qué más da que nos ponga en finiquito un resto de chatarra espacial venida del cielo, un despiste del chico ese de la moto que parece siempre estar compitiendo en Jerez o el 27 de los autobuses urbanos?, ¿qué seguridad tenemos de no sufrir un aneurismo de aorta fulminante en los próximos segundos o de sacar el último billete a causa de un atragantamiento por ingestión fallida y asfixiante de una buena loncha de ibérico 4 jotas?
    Todos tenemos que poner, un día u otro, el punto y final a nuestro paseo por este mundo, y en realidad lo sabemos y no nos quita el sueño… salvo preaviso cada vez más inminente y altamente probable, algo certificado y en cuenta atrás, que no es el caso.
    El problema “existencial” no es algo a resolver a las doce menos cinco, ni tampoco puede pretenderse quemar en unas horas todo el material pirotécnico-vivencial pendiente, ni acabar con la lista de tareas de una tacada.
    Una vez más, novedad morbosilla y titulares al margen, se muestra certera la frase de Gandhi: “Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre”.
    No digo que haya que abandonarse al estoicismo más negativo e indolente, pero tampoco me convence la alternativa de esta nueva versión de la locura milenarista del fin del mundo. ¿Qué postura tomar?… pues eso, vamos haciendo y esperemos que el trasto en reentrada, el de la moto, el autobús 27, el aneurisma o el ibérico se comporten.

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