“El problema no es el móvil, es Scarlett Johansson”.


No se me ocurre alguien tan tonto que pueda llegar a pensar que las fotos de un móvil no puedan ser robadas, todavía más si las fotos son estando desnuda y la protagonista es Scarlett Johansson.

Hoy mi amigo Carlos Abadía (@carlosabadiaj) me ha recomendado a sus seguidores en Twitter por considerarme “implacable”, así que intentaré llevarle la contraria y ser lo más comedida que pueda. Me costará.

La e-incultura es mayúscula y está muy extendida. La gente se mete en internet sin recapacitar por un segundo, es así como cuelga fotos en Facebook en plena noche de borrachera cuando está sometida a un proceso de selección de personal  o se cita con amistades poco presentables sin un DM (Mensaje Directo) de por en medio; ¡que lo sepa el mundo!, incluida su mujer quien, gracias una combinación de nuevas tecnologías y estupidez,  ya nunca más será la última en enterarse.

Hoy la noticia en el diario Público es: “El problema no es el móvil, es Scarlett Johansson”.

Realmente el problema no es ni el teléfono, ni la actriz: el auténtico dilema es no llegar a ser  consciente de que absolutamente todo lo que sucede ante una pantalla conectada a internet (sea cual sea el tamaño, me refiero al de la pantalla) puede pasar a ser público si no se toman las precauciones necesarias y, que aún tomándolas, siempre puede suceder que lo vea todo el mundo.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “El problema no es el móvil, es Scarlett Johansson”.

  1. José Luis dijo:

    Una vez más se demuestra completamente cierta la afirmación de que “las medidas y previsiones jurídicas van muy por detrás de la realidad”. No se trata de “datos”, sino que estas intromisiones en la privacidad de cada cual debieran tipificarse de manera más adecuada. No es un robo de unas simples fotos (por escandalosas y/o interesantes que sean), sino de una auténtica intromisión en parcelas tan íntimas y reservadas que no debieran quedar impunes. Al igual que existen penas bastante contundentes para lo que es la violación de la correspondencia, el hackeo de un correo electrónico, el acceso no autorizado a un dispositivo móvil y el vaciado y posterior utilización no autorizada de esos “datos” que son mucho más, es algo que tarde o temprano habrá de ser abordado por las Leyes.
    No es que esta necesidad de dar cobertura jurídica a la privacidad exima de las más elementales medidas de precaución y reserva, pero también es cierto que en este mundo tecnológico que se desarrolla y ramifica a velocidades de vértigo, no siempre está al alcance de todos el mantenerse en el ámbito de lo “seguro”.
    A título de sugerencia (de lege ferenda se diría entre los juristas), parece necesaria una implicación más estrecha y un mayor compromiso con lo que significa seguridad por parte de las empresas proveedoras de los distintos servicios.
    En este e-mundo quienes utilizan los servidores, dispositivos, aplicaciones, no dejan de ser en cierto modo “consumidores” y como tales debieran ser objeto de especial protección.

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