“Lo que pensamos varía nuestra biología.”


Sentirse dominado por cuestiones meramente genéticas puede resultar desalentador, aunque también puede ser la excusa perfecta para comportarnos irresponsablemente. La omnipotente genética puede convertirnos en niños empecinados en delegar responsabilidades de los propios actos.

Hoy la noticia más leída en La Vanguardia es: “Lo que pensamos varía nuestra biología.”

De la misma manera que nuestro pensamiento puede modificar nuestra morfología cerebral, nuestros hábitos prevalecen sobre nuestra genética: los genes no son nuestros jefes, mandamos nosotros.

Aprender a tomar las riendas de nuestra vida debería de ser asignatura puntuable: somos los últimos responsables de lo que nos sucede. Cuanto antes lo asumamos, antes podremos intentar encontrar aquello que andamos buscando.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Lo que pensamos varía nuestra biología.”

  1. Toni dijo:

    En ocasiones lo que todos “sabemos”, en el sentido de experimentarlo en nuestra propia carne, nos puede parecer un extraordinario descubrimiento, una revelación, cuando lo vemos expresado y estudiado por otros.
    La mente, sin duda, es el más poderoso de los “órganos” que poseemos, que no en balde es el del sentimiento, el de las ideas, el de la voluntad; e incluso va más allá su poder, porque también está implicada -y de manera muy estrecha- con eso que llamamos “alma” si sumamos las creencias y las actitudes a la ecuación.
    Sólo la mente puede explicar el porqué funcionan los placebos, el mordisco del deseo y esa sensación de placer que el sexo nos regala, por poner un ejemplo tan a la mano como gráfico. Cuerpo y mente en cada cual, tandem que va conformando lo que cada uno somos, una combinación tan especial e irrepetible en su realidad que nos hace únicos. Pero no, no se trata de oponer nada, sino de aunarlo todo; éste es el secreto y aquí reside la magia.
    A menudo nos empeñamos en deslindar, en etiquetar y diseccionarlo todo para mejor explicar y comprender. Pero también a menudo se nos escapa que lo verdaderamente sorprendente, lo auténticamente importante, es la manera en que todo se interconecta y relaciona.
    Seres complejos los seres humanos y formados por infinitas partes… pero finalmente somos una unidad.
    Soma y sema, que decían los griegos, rindiendo culto al cuidado del cuerpo pero concediendo la primacía al alma, y por eso jugaban con las palabras: soma y sema, afirmando que el cuerpo era sólo el recipiente, el encierro del alma. Pero me parece mucho más apropiado, lejos de pensar que el cuerpo pueda ser exclusivamente esa cárcel para el alma, o que el alma pueda tener sentido haciendo abstracción del cuerpo, la sorprendente capacidad de ambos para influirse y entremezclarse, para reforzarse y potenciarse mutuamente.
    Bios y Psiqué no se oponen, sino que se relacionan y se complementan, interactúan y conforman lo que somos y lo que hacemos… y qué maravilloso resulta cuando los dos, el cuerpo y el alma, están de acuerdo y te llevan al mismo lugar… seguro que saben de qué estoy hablando.

  2. José Luis dijo:

    Al hilo de lo que se comentaba en esta entrada, uniéndolo también con una entrada de “twitter” que aparece colgada en la página: actitud, voluntad, parámetros adquiridos en sociedad y/o elegidos por nosotros son los que determinan, muchas veces sin criterio digno de tal nombre, lo que sentimos y pensamos. Esos niños tirando las bolitas de papel sobre el indigente, ¿cuánto tardarán en cambiarlas por adoquines o ladrillos?
    No creo que esa predisposición al “lanzamiento” sea genética, me da toda la impresión de que tiene otro origen, el que se puede encontrar en esta cultura en que “el respeto a la pluralidad y el aprecio por lo diferente” está muy encasillado y convive con una cerrada escala socio-económica para medir al prójimo, y lo que es peor: para tratarlo.
    Esos niños, con toda seguridad, han escuchado mil veces que a una persona de otro país, con otro color de piel, tal vez vestido de otra manera, ha de respetársele; pero nadie les ha enseñado que la dignidad y el respeto valen también para el vecino que no tiene techo, o que no tienen ni nuestra forma… ni nuestros medios de vida.
    Todo un síntoma, una muestra clara de que más que en valores se educa en y para determinados gestos.

    Alguién se está equivocando, y ese alguién -lamento decirlo así de tajante- en buena medida somos todos.

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