“La transformación de Kate Winslet.”


Tras viajar hace años a China me empezaron a gustar los estridentes farolillos rojos y aquel ridículo gatito dorado que mueven el puño de arriba abajo sin parar: cuesta reconocer que no compartimos los gustos estéticos de la mayoría, es como autoproclamarse freaky.

Hoy la noticia más leída en El País es: “La transformación de Kate Winslet”.

A nadie le interesa que una sociedad quede seducida por los gustos estéticos no imperantes: el atraído será objeto de mofa, el chiringuito de la dieta Dunkan se tambalearía y los adictos a la liposucción tendrían una crisis de identidad. Aunque estamos estupendas sin entrar en la talla 38.

Que continúen los tópicos pero incomprensiblemente en el buffet libre del Parador seguirán desapareciendo antes las salchichas de Frankfurt que el jamón ibérico de bellota. Lo juro.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “La transformación de Kate Winslet.”

  1. Txema Albert dijo:

    ¿Cuando reconoceremos todos (los hombres) que las mujeres nos gustan con un kilo demás que con dos de menos?
    No espabilamos nunca…

    • Tomás L. García dijo:

      Esta vez, Txema, el refrán te lo propongo yo: “Sobre gustos… no hay disputas”.
      Si uno contempla “Las Gracias” de Pedro Pablito (Rubens), o contempla esos aditamentos (verdaderos instrumentos de tortura) que en China eran utilizados para que las chicas mantuviesen unos pies diminutos, o los artefactos en que algunos hombres enfundan su pene, llega a la conclusión de que lo que llamamos “moda” puede ser, muchas veces, bastante borde.
      Los gustos no son valores eternos, sino que se van transformando; y hasta aquí todo bien. El problema es cuando por un lado entran en la categoría de lo casi imposible respecto a los cánones propuestos (por antinatural y estadísticamente minoritarios); y por otro alguien tiene oscuros intereses tras ellos. La horquilla de lo que pudiera llamarse “normalidad” es bastante más amplia, y no está bien que nadie trate de cerrarla. No siendo casos patológicos, casi todo será admisible, que para gustos colores.
      Por lo de más, no puedo sino darte la razón, que ya decía mi abuela (y le alabo el gusto) que “los huesos, para el caldo”.

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