“Zapatero propone reformar la Constitución para reducir el déficit por ley”.


Léela, no muerde.

Agosto, el mes más tedioso e inoperativo del año, se está convirtiendo en una montaña rusa que nos recuerda a la definición de Annus Horribilis de la Reina Madre de los británicos cuando, en 1992, soporto la separación de dos de sus hijos y el incendio de palacio.

Solicitudes de reforma constitucional ha habido un buen puñado desde 1978, pero ninguna ha prosperado. Ahora puede ser lo que hace unos días parecía imposible.

Hoy la noticia más leída en el diario Público es: “Zapatero propone reformar la Constitución para reducir el déficit por ley”.

Mientras los ciudadanos piden en las redes sociales ser consultados (sería lo legítimo) a la indignación se une la preocupación: la imperturbable Carta Magna va a ser retocada ¡oh sorpresa!, por acuerdo entre Gobierno y oposición ¡oh sorpresa!, en pleno mes de agosto ¡oh sorpresa! Cuál debe de ser la situación.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Zapatero propone reformar la Constitución para reducir el déficit por ley”.

  1. Ricardo López Puig dijo:

    Las Constituciones, como marco convivencial que son además de la manida definición de “Ley de leyes”, deben estar al servicio de las personas, ser útiles y adecuadas a la realidad social. La nuestra es lo que un jurista denominaría “rígida”, en el sentido de que para ser modificada se requiere de un complejo mecanismo y unas mayorías muy cualificadas apoyando los cambios propuestos. Pero dicho esto también ha de decirse que no pueden ni deben -las Constituciones- ser monolíticas ni momificarse.
    No existen demasiadas alternativas. Por un lado, si no son demasiado “concretas” al estilo de lo que en caricatura podría representar un recetario de cocina, admiten sin demasiados problemas interpretaciones que se pueden acomodar a los tiempos y lo hacen. Un ejemplo, a boleo, puede representarlo la británica, que en muchos aspectos incluso puede calificarse de “no escrita”. Por otro lado, cuando sus preceptos, principios y desarrollo son demasiado pormenorizados y detallados, no queda sino la reforma; bien sea un proceso relativamente sencillo en las más abiertas, o complejo en las rígidas como la nuestra… pero es algo que, con el transcurso del tiempo y de manera inevitable, ha de abordarse, y ha de hacerse so pena de convertirlas en lo que también los juristas y leguleyos denominan “constituciones semánticas”, es decir, aquellas en las que lo que se proclama va por un lado, y por otro notablemente distinto la realidad de los hechos.

    Ahora, tras haber dibujado un poco “el suelo que pisamos”, a mí al menos me quedan algunas dudas: ¿por qué ahora?, ¿por qué así?, ¿por qué precisamente en este tema?…
    No niego la oportunidad de la reforma, y tan sólo pido que se haga bien y desde el más escrupuloso respeto al modelo elegido de Estado y conservando lo que éste tiene de garantía de libertad y progreso; pero me resulta chocante que no se haya entrado a reformar -por ejemplo- la sucesión en la Corona (en contraposición con los valores de igualdad entre los sexos que la propia Constitución proclama), u otros aspectos también de indiscutible importancia.
    Parece ser que el vaso autonómico, por el lado del gasto, se ha colmado y se trata de buscar soluciones. Muy bien, nada que oponer, siempre y cuando no sea un “casus belli”, una excusa para otros fines que resultarían, tal vez, demasiado inconfesables.
    España es plural, debe serlo y está bien que lo sea. El problema no está en las autonomías, sino en su mal funcionamiento y su falta de visión de conjunto de una realidad que, en convivencia, desborda los límites más estrechos de lo local y atonómico. la necesaria cohesión, el control de las cuentas públicas y la solidaridad son también necesarias; pero no pueden ser motivo de un “fraude de ley” que, pretendiendo atajar los errores, deje vacío e inútil el modelo.
    Como diría cualquier Perico el de los Palotes, o Nuria Pujol, o José García: “a ver qué hacen ahora “estos”, no la vayamos a …”

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