“Me decían ¿cómo puedes acostarte con un negro?.”


El racismo, además de inadaptativo y por tanto poco inteligente, está anticuado. Hace muchos años, cuando viajar más allá de Perpiñán era un proeza y ver a un negro o un chino era un exotismo, podían entenderse las reticencias a las diferencias. En la actualidad, el africano o el asiático vive en el ático y excluirles es de gilipollas.

Es surrealista pensar en una sociedad de un solo color, de una sola raza y de una sola religión.

Nuestra realidad es mucho más rica que todo eso; en un mundo globalizado en el que el desarrollo se basa en el flujo de comercio y personas es imposible blindarse a la espera de seguir inmutables eternamente.

Hoy la noticia más leída en el diario El País es: “Me decían ¿cómo puedes acostarte con un negro?”.

La respuesta es bien sencilla: pues metiéndote en la cama.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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3 respuestas a “Me decían ¿cómo puedes acostarte con un negro?.”

  1. Txema Albert dijo:

    Mi pregunta tonta de la semana: ¿Y qué haca esta “buena señora” militando en un partido xenófobo?
    Todos tenemos nuestras contradicciones, pero lo de la dama en cuestión es de traca…

    • José Luis dijo:

      No es fácil la respuesta, no puede serlo ya que la xenofobia es en sí una contradicción, una anomalía tanto de la razón como de la conducta.
      Quienes alzan la pancarta y la bandera “anti-lo-que-no-es-de-aquí” lo hacen por varios motivos, aunque en realidad ninguno de ellos es admisible ni se mantiene más allá de un simple cotejar lo que se afirma y lo que se niega, lo que se predica y lo que se hace. Todavía están frescas las imágenes de la campaña electoral en que personas de color andaban pegando carteles pidiendo el voto para esta formación política (?) de la que hoy se habla.
      Así encontramos quienes propugnan el no trato de favor hacia lo foráneo, abogando por “regularizar y uniformar” su estatus sometiéndolos al mismo régimen de obligaciones y derechos de los nativos; también quienes parecen empeñados en ser el ombligo del mundo y creen que sólo sus paisanos poseen el marchamo de “persona al 100%”, quedando los demás en diversos grados de aproximación más o menos tolerados; están, por último, los hipócritas que desde un ego superlativo y acomodaticio plantean la teoría de la desigualdad pero excepcionan sus intereses, no teniendo mayor problema en contratar en precario a extranjeros para sus fines y en condiciones muy lejanas (por el lado de abajo) de lo que la Ley impone o, en su caso, planteando y manteniendo diversos tipos de “relaciones”(sí, esas también) mientras niegan el pan y la sal de la igualdad a quienes explotan o meten en su cama.

      No tengo idea, no es fácil adivinar o comprender, pero los hechos y la realidad están ahí, y son así de incongruentes.
      Creo que visto así, Txema, y en relación con casos como el que hoy nos ocupa, en esta sociedad que reputamos y denominamos de “plural, democrática y abierta” habría que hacérselo mirar, ¿no te parece? 🙂

  2. Carlota dijo:

    Negra, cobriza, roja, morena, blanca… ¿qué más da el color de la piel cuando se empasta con la tuya, cuando te excita y te hace vibrar?, ¿acaso el alma o el deseo saben de colores?, ¿quizás debemos pedir el factor RH o el mapa genético a esa persona que sentimos que es capaz de acariciarnos con tan sólo una mirada?
    Tan sólo hombres y mujeres, maravillosos seres humanos capaces de despertar nuestras pasiones, de llenar con un poco de suerte y continuidad nuestras vidas… y cuando ese cosquilleo se adueña de nuestro estómago, cuando el escalofrío nos recorre la espalda y parece cebarse con especial intensidad en determinadas partes de nuestra anatomía… todos los colores se dan cita en ese particular arco irís de la sensualidad hecha placer… ¿a quién le importa entonces poner el acento, reparar siquiera en un adjetivo que nada importante califica?
    Cuando una persona nos atrae, cuando se la ama, nada importa entonces cómo pinte ante los demás, el color que le atribuyan a una piel o la sombra que arroje su figura, porque el resto del mundo queda fuera, porque nosotros y sólo nosotros ponemos calor y color a lo que nos sucede.
    La xenofobia es una enfermedad, pero es que además el racismo en particular es también y a la vez un auténtico pecado de lesa e ignorada humanidad.

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