“32.000 viudas no percibirán la ayuda extra a sus pensiones.”


Vivimos tiempos difíciles. Algunos los miran desde el sillón de su casa en la zona alta de la ciudad, observando indignados y mirando disturbios diseminados por todo el mundo. Otros los viven desde el sofá; sin trabajo y con el ánimo vestido de tarde de domingo de invierno.

Hoy la noticia más leída en El País es: “32.000 viudas no percibirán la ayuda extra a sus pensiones”.

En este caso es un pique político entre PP y PSOE de Castilla la Mancha el que impide a las viudas cobrar una paga semestral complementaria. Pero el retroceso social corre más que la crisis económica y causa mayores daños porque se queda a vivir con nosotros: come en nuestra mesa, duerme en nuestra almohada, acompaña a nuestros hijos. Los avances sociales son lentos de conseguir y se pierden con una firma.

Se avecina la temporada alta: en los recortes el “remate final” comenzará en septiembre. Mostrémonos preparados para el dislate porque las medidas que se nos vienen encima serán como las lentejas, pero sin la posibilidad de dejárselas en el plato. O como el caldo: nos vamos a hartar de tomar tazas.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “32.000 viudas no percibirán la ayuda extra a sus pensiones.”

  1. Carlos dijo:

    Cada uno cuenta la feria como le va, y cada cual se queja de donde le aprieta su particular zapato; es algo tan sabido como humano.
    No obstante, y salvando el derecho (no sé si constitucional, pero debiera serlo) a la particular visión y neurosis de cada cual, hay temas que, inevitablemente, debieran quedar fuera de opiniones y discusiones, exentos de ser utilizados como campo de batalla o ejercicio demagógico. El sentido común, en estos casos, debe primar.
    La entrada de hoy es un claro ejemplo: las pensiones de las viudas, en este país llamado España, son en su gran mayoría de miseria y vergüenza, apenas atendiendo las más básicas necesidades de la mera supervivencia, un perverso sudoku obligado para cuadrar la cuenta y llegar a final de mes.
    Triste espectáculo el de estos autoproclamados campeones de la razón popular y de la justicia social cuando no se avienen a razones y postergan lo que es de justicia para servir otros intereses menos confesables.
    Obrando así, sin atender razones ni buscar justicia, a los grandes partidos les queda, se habrán dado cuenta, lo de “popular” y “socialista”; pero inevitablemente desvirtuado, descafeinado, fuera de lugar

  2. Nuria López dijo:

    La historia de mi madre, una mujer cualquiera, como tantas otras en este país.-

    La cifra:
    Seiscientos uno con cuarenta céntimos; Sí, eso mismo: 601, 40 euros al mes… y haga usted maravillas. Aquí, obvio es decirlo, las “economías de escala” juegan en sentido tan contrario como perverso, porque no siendo envidiable la posición de “mileurista”, también es cierto que hay gastos generales y comunes que para ellas son insalvables.

    Los datos:
    Viuda de 83 años de edad, perteneciente a esa generación de la que con todo cariño se han dicho cosas como: “antes muerta que parada”, “de profesión sus labores”, “un cruce entre mujer y mula para la que no ha habido descanso jamás”, ocupándose sin rechistar y orgullosa por ello de un “trabajo” que nunca ha sabido de horarios, jornadas ni vacaciones, sin remuneración alguna, sin renuncia posible.

    La incongruencia:
    Toda la vida ocupándose de todo y de todos, atendiendo su casa y su familia (marido y un par de hijos… de sus hermanos mayores, de sus padres); algo que ahora en la jurisprudencia más actual da derecho a compensación-remuneración por ese “trabajo en casa” en caso de separación o divorcio pero que, en el caso de las viudas, la Seguridad Social y el Estado tasan y reconocen con cicatería, concediendo a regañadientes una pensión “creativa” (tan precaria que obliga a imaginar y aplicar ingeniería financiera de primer orden si se quiere seguir contando entre los vivos).
    Y se han creado (proliferan incluso) organismos e instituciones que de la palabra “mujer” hacen cartel y bandera, se legisla y se pregona, se habla… pero una vez más, hechos son amores y no buenas razones. De nada sirven las palabras y las intenciones sin gestos que las acompañen: hoy por hoy, aquí, ser mujer, mayor y viuda sigue constituyendo una condición de “ciudadanía de segunda clase”, el ser objeto de una mal entendida caridad institucional antes y mejor que sujeto de derechos duramente adquiridos.

    Lo inaceptable:
    Tiempos de crisis (nadie la niega ya), sufriendo y aguantando como pueden una patente falta de recursos y también demasiadas veces de voz para reclamar lo que es de justicia, escenario de enfrentamiento político al margen de su voluntad y a despecho de sus necesidades. Condenadas a la precariedad y sujetos demasiado pacientes de los ajustes presupuestarios.

    Una posible conclusión:
    Esto no es aceptable, no puede serlo.
    No sé qué hará mamá en las próximas elecciones… pero yo en su lugar, se lo juro, votaría por el pato Lucas

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