“Un polvo de menos es mejor que uno de más”.


“La pareja es para el que se la trabaja” dice Antoni Bolinches, un psicólogo y sexólogo que hoy ha convertido su entrevista en La Vanguardia en lo más leído del día con el titular: “Un polvo de menos es mejor que uno de más”. Los que nunca hemos comulgado con el sexo tántrico estamos absolutamente desconcertados.

Después de sugerirnos guardar para cuando no haya y asegurar que un hombre de mediana edad jamás podrá estar a la altura de la sexualidad femenina, continúa sorprendiendo al asegurar que el 35% de las mujeres no tienen orgasmo coital; la última cifra que vi publicada fue del 98%. Sin venir a cuento me he acordado de mi amiga Ana cuando, en plena noche loca, le dijo a su pareja -“soy clitoriana”- y el tipo le respondió -“y yo de Albacete”-. Juro que no es un chiste.

Nos dijeron que sólo nos arrepentiríamos de los besos que no dimos y ahora resulta que en el sexo, como en la mesa, hay que levantarse sin rebañar el plato para mañana vérselo medio lleno. Seguro que Bolinches tiene razón, pero quizás merezca la pena asumir el tener que empezar de cero antes que mostrarse comedido cuando la pasión es imprescindible.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Un polvo de menos es mejor que uno de más”.

  1. Antonio dijo:

    En ocasiones, y ésta puede ser una de ellas, se comprueba que lo mejor es enemigo de lo bueno, y que las razones teóricas aún estando cargadas de razón estadística, no son verdades inmutables ni universales.
    La parte en que se dice que lo que sea la pareja requiere de “ser trabajada”, me parece en todo punto acertada y recomendable. El peor enemigo de cualquier tipo de relación entre personas es la rutina cuando es llevada al campo de la indiferencia o el aburrimiento. Lo que son sentimientos deben ser renovados y reforzados cada día, sólo de este modo se mantendrán vivos y frescos.
    Pero en lo tocante a medidas y frecuencias, creo que no hay nada que pueda servir con carácter general, que cada persona es un mundo y cada pareja un universo entero.
    Todo lo más, y en relación directa con lo anteriormente expuesto, más bien veo yo una especie de directriz en sentido contrario: cuando se siente interés, atracción, deseo por otra persona, y siempre que sea mútuo, lo mejor es expresarlo y vivirlo sin reservas.
    La única medida del amor, en todos los planos que se conciba – y el situado más a flor de piel no es una excepción- es amar sin medida.
    Siempre que el deseo se refleje en los ojos de los dos, siempre que dos “se tengan ganas” y ese polvo apetezca, será positivo y bueno el hacerlo realidad, el disfrutarlo sin otros límites que los que nacen de lo que los dos deseen en cada momento y los cuerpos aguanten.
    Las “reservas” y el “no rebañar el plato” parecen más bien una cura preventiva contra la indigestión o la falta de apetito; algo que no debe tener sentido cuando se come a gusto y conscientemente, cuando más que atracarse en unas pocas sentadas uno tiene la convicción que ese plato que tanto le gusta parece pensado y cocinado a su medida. No está la clave en la cantidad, sino en saber que el comer es mucho más que llevarse alimento a la boca, masticar y engullir, que un mero satisfacer necesidades básicas. Un polvo puede también ser mucho más que la simple búsqueda de un orgasmo rápido, que ese placer propio pretendido desde la costumbre o el egoísmo, que un torpe y repetido buscar el hueco y camino entre unas piernas.

    Temo no estar del todo de acuerdo con el señor Bolinches; por tanto, y mientras los hechos no me lleven a pensar otra cosa, seguiré pretendiendo disfrutar de cada bocado, de principio a fin, antes, durante y después, sintiendo como el placer me llena y regresa el deseo una y otra vez, y lo haré sin reserva alguna, y a pesar de ello sin saciarme nunca del todo.
    Bon apetit

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