“Los beneficiados por los ataques”.


En todas las situaciones imaginables, hasta en las más kafkianas, hay perjudicados y beneficiados: si alguien estornuda otro vende antihistamínicos.

España e Italia están hoy en jaque, ningún diario ha pasado de puntillas sobre el tema. La noticia más leída hoy en el diario Público es: “Los beneficiados por los ataques”.

Es evidente que en unos países la economía está peor que en otros, pero la cuestión es si las valoraciones que se hacen, se ajustan a la situación real o si alguien ha matado antes de que se hayan muerto.

Ninguna empresa podría subsistir con buena salud si sus cabezas visibles no defendieran, sin fisuras, los intereses de todos sus departamentos ante una situación de crisis. O se entiende Europa como una empresa o se empezará a entonar el “sálvese quien pueda” y hasta los países supuestamente mejor situados acabarán pagando las consecuencias de su falta de compromiso comunitario.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “Los beneficiados por los ataques”.

  1. Ricardo Huertas dijo:

    En pleno siglo XXI está bastante claro que el estado-nación debe delegar en buena parte algunas de sus funciones, de esas mismas que se agrupan bajo el título de “soberanía”.
    La creación de entes y estructuras plurinacionales, como la propia UE, así lo requiere en lo que atañe a una estructura económica, legal y política comunes que trascienda de la mera agrupación por suma de los estados.
    También la globalización, como concepto, huye del excesivo intervencionismo estatal y proscribe el proteccionismo de los sectores productivos nacionales frente a la competencia “del mercado”.
    Pero dicho esto, llegados aquí, observamos (y sufrimos) comprobando que de la teoría a los hechos hay bastantes e indeseados trechos.

    La renuncia de esas cuotas de soberanía de los estados no deben quedar en manos de simples corporaciones particulares o grupos de presión con prioridades e intereses basados en el propio provecho y también manifiestamente injustos. Hoy, y la realidad lo demuestra, una simple agencia de calificación puede hacer bailar la economía de un país al ritmo que interese a sus intereses o los de sus “amigos”.
    Las uniones plurinacionales, muchas veces por pepinos (sic) parecen diseñadas como los coches y vagones del tren, divididos por clases o categorías: preferente, primera, turista… y de favor por lo que se está viendo.

    Esta economía globalizada que nos venden tiene taras, y graves: es injusta con los más débiles, queda en manos de intereses corporativos de grandes multinacionales, es insolidaria y asocial en muchos de sus postulados. La Unión Europea, para que sea creíble, requiere mucho más de “unión” con todo lo que ello conlleva: política de diseño común para progreso y beneficio de todos, mayor igualdad y cohesión entre sus miembros, subordinación de los intereses nacionales (parciales) a la búsqueda del bien común… No puede ser, tal como ahora se presenta, una parodia de la zarzuela “Gigantes y Cabezudos”, con eAlemania y Francia en el primer papel, y los demás… pues con arreglo a reparto, pero todos cabezudos excepción hecha -y tampoco es para celebrarlo- del papel “ni dentro del todo, ni fuera tampoco” al que ha venido ciñéndose Gran Bretaña.

    Algo ha de cambiar, y hacerlo profundamente, porque tanto en ese concepto de Unión Europea como en el más ámplio de economía global, o cabemos todos o será pura metamorfosis semántica de la vieja explotación del más débil por el más fuerte. La historia, aunque se cambien las palabras, no puede ir hacia atrás; simplemente los millones de seres humanos que habitamos el planeta, no lo permitirían.

  2. Carles dijo:

    Es algo sobradamente conocido: una cadena es tan fuerte como lo sea el más débil de sus eslabones.
    Las leyes de la física no admiten excepciones; los planteamientos geoestratégicos y macroeconómicos, tampoco.

    La UE debe ser algo que trascienda la mera suma de países que tantas veces se manifiesta en estas peleas y egoísmos intestinos. Hemos llegado hasta aquí, hemos lanzado al aire nuestro reto y hemos -en buena medida- quemado nuestras naves. En adelante, o hay solución y futuro para todos, o no lo ha de haber para nadie.
    Volviendo al ejemplo que citábamos al principio parece necesario buscar una estrategia común, marcar unas líneas de actuación que conjuren las posibles amenazas sobre las partes más vulnerables de lo que se concibe como un todo, como “unión”. Por eso los eslabones más fuertes debieran esmerar su cuidado en reforzar los puntos que friccionan y tensionan a los más débiles, que de poco servirá a nadie su fortaleza si la cadena llega a romperse, si se colapsa el modelo pretendido y buscado.
    El futuro de lo que sea la Unión Europea debe proyectarse y escribirse desde la solidaridad y unidad de ideología y actuación, de todos y para todos, tratando de no dejar abiertas brechas, de reforzar lo que puedan ser puntos débiles. De lo contrario Europa será, exclusivamente, una referencia geográfica y una fuente cultural de ilustre pasado.

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