“El drama de los `millonarios’.”


Ahí están, tan arriba, sobre pedestales tan sólidos, que no cabe pensar en la existencia de arenas movedizas que les haga tambalear. A según qué niveles la fama, el prestigio, parecen perpetuos. Pero no es así.

Si hay algo caducable es la reputación: se pudre de golpe en el momento en que se actúa de manera inadecuada y se da a conocer ese comportamiento.

Hoy la noticia más leída en El País es: “El drama de los `millonarios’.”

Se puede acabar en el fondo por las más peregrinas casualidades de la vida pero, si además nos empeñamos en no hacerlo bien, tendremos asegurado el pasaporte al fracaso sin la intervención de imponderables. En la vida, como en el deporte, no hay nada garantizado.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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2 respuestas a “El drama de los `millonarios’.”

  1. José Luis dijo:

    Probablemente los juristas tratarían de reconducir la reflexión al concepto de “estatus”; pero no es un concepto extraño al sentido común, sino algo que cualquier persona -salvo sea el latinajo- comprenderá sin dificultad: es diferente lo que “se es” de aquella posición en que, simplemente, “se está”; y esto último es el “estatus”.

    Millonario, reputado profesional, deportista de éxito, famoso, popular… son simplemente eso “estatus”, posiciones en que se está. Pero se está aquí y ahora, y nadie puede asegurar que mañana siga siendo cierto… nadie salvo los interesados a base de constancia, dedicación y esfuerzo.

    Por eso, el estatus, requiere de permanentes cuidados, de renovación constante en lo que tiene de reconocimiento a méritos y capacidades. La clave estriba en no dar nunca nada por hecho, conseguido, terminado o cubierto.
    El inmovilismo autocomplaciente produce caducidad por obsolescencia; la autosuficiencia, exenta de innovación y autocrítica, el más seguro de los suicidios.

  2. Tomás dijo:

    A menudo se ha llamado “tiburones” a estos gurús de la banca, la empresa, las finanzas. No es de extrañar dado el alto grado de agresividad comercial y competitividad requeridos para despuntar en un medio tan exigente como dinámico.
    Pero esta metáfora, según veo, tiene también otra lectura; y bastante apropiada. El tiburón es un ser poderoso, temido y respetado, pero también esa grandeza de la que hace gala tiene sus contrapartidas: está condenado a nadar desde que nace hasta que muere, incluso dormido, sin poder jamás detenerse. Si lo hiciese sus agallas no se oxigenarían y moriría por asfixia.
    En el mar como en la tierra la clave de la supervivencia está en el movimiento

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