“Mercadona maquilla a sus cajeras”.


Hay formas de vestir, de comportarse, que forman parte de determinadas profesiones. Nadie entendería que un ejecutivo acudiera a una reunión de alta dirección con bermudas y polo, aunque fuera Lacoste.

Enfermeras de la Clínica Pascual.

Hoy la noticia más leída de El Mundo es: “Mercadona maquilla a sus cajeras”.

Hace sólo unas semanas la FIBA (Federación Internacional de Baloncesto) se planteaba un cambio en la indumentaria deportiva de los equipos femeninos; se pretendía que su ropa fuera más ceñida. La Asociación de Jugadoras de Baloncesto se opuso frontalmente en un comunicado en el que se aludía a la “mentalidad caduca” de los que habían tenido la idea.

La misma mentalidad casposa que exhibió antes la dirección de la Clínica Pascual cuando obligó a sus enfermeras a llevar falda.

Pedir al personal femenino de atención al público que se maquille se sitúa en esa delicada línea divisoria que separa la ropa ceñida y la falda de convencionalismos sociales más extendidos como la corbata y el traje. Controvertido tema el que nos ocupa.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “Mercadona maquilla a sus cajeras”.

  1. Mariano Lamana dijo:

    Creo, honradamente, que el tema se plantea alrevés. Y es una pena, porque Mercadona, en muchos otros aspectos, ha demostrado ser modélica.
    Una norma, para que sea justa ha de ser lógica, apoyarse en una razón indiscutida e indiscutible. En este sentido, las más elementales precauciones sobre higiene en la manipulación de alimentos, o la interdicción de ropas y apariencias demasiado “alternativas” o “personalizadas” pueden admitirse: cuestión de salud, o de imagen corporativa. Pero no se puede ni se debe ir más allá.
    La apariencia personal es eso: muy personal, y la decisión sobre falda o pantalones, maquillarse o la carita “lavá” es cosa de cada cual. Cuestión de sentido común, de equilibrio entre imagen deseada por la empresa y libertad de las personas que trabajan en ella.
    Una empresa ha de sentirse como “la casa de uno” por los empleados… pero hasta en nuestra propia casa, cuando somos mayorcitos, hay intromisiones e imposiciones que están fuera de lugar.

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