“David Bisbal y Elena Tablada confirman su separación.”


Los rizos naturales de David Bisbal casaban mal con el pelo planchado de Elena Tablada, pero, mucho me temo que todo no es cuestión cabeza, o sí.

Nuestro David es un chico fantástico, sencillo y buenazo. Elena es una chica de la clase alta que se enamoró del artista antes que de la persona.

Hoy la noticia más leída del diario El País es: “David Bisbal y Elena Tablada confirman su separación.”

A menudo acaba separando lo que otrora unió: él ha pasado de sencillo a simplonato y a ella, en vez de situarla en la clase acomodada, la dejamos en super pija de tomo y lomo.

Dudo mucho que nuestro Bisbal hubiera llamado por gusto propio “Ella” a su hija, seguramente hubiera preferido un sencillo María. O que Elena viniera encantada a pasar sus vacaciones a Almería, pudiendo estar en los escenarios más glamourosos de Miami.

Que descanse en paz el amor, y David, que mucho me temo, bien ganado se lo tiene.

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Acerca de Tudi Martín

Siempre comunicamos, incluso cuando no lo pretendemos. La comunicación lo es todo y escuchar nos hace mejores. Desde esa convicción no me canso de prestar atención a quienes tienen cosas que contar. Gracias por la visita.
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Una respuesta a “David Bisbal y Elena Tablada confirman su separación.”

  1. Carolina dijo:

    A menudo, el encontrar en otra persona algo radicalmente distinto a lo que nosotros mismos somos despierta nuestro interés. Al igual que sucede con los imanes podría hablarse de la atracción de lo opuesto: el tirón es perceptible y sentimos que estamos estamos bajo el influjo de una fuerza poderosa.

    Pero cuando lo opuesto, pasado un tiempo, se manifiesta más como incompatibilidad que como posible complemento, cuando se vive más bien como oposición que como atracción, esa fuerza parece evaporarse o, en todo caso, pierde su sentido. Ell interés deja paso a la monotonía, a una rutina silenciosa de quienes descubren que por no tener nada en común son, en realidad, dos perfectos extraños.

    La convivencia lleva consigo el compartir muchas cosas: lecho y mantel, ilusiones y fracasos, alegrías y penurias… Visto así, cuando lo que pueda unirnos es solamente ya una especie de resaca o espejismo de lo que un día fuera atracción, cuando hoy se manifiesta ya como simple inercia teñida de hastío, cuando falta ese cemento de unión que se ha definido de mil maneras, pero que podemos ahora llamar armonía de cuerpos y almas, la decisión de dejarlo es, sin duda, la más acertada.

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